Alimentos con sellos de advertencia: ¿quiénes los consideran más al momento de comprar?

Estudio realizado por académico de la Universidad Católica del Maule revela que los hombres, las personas que viven en zonas rurales y que declaran pertenecer a una etnia, tienden a no tener presente el etiquetado nutricional.

Chile es pionero en la implementación de los sellos de advertencia en los alimentos y en 2016 se convirtió en el primer país en establecerlos de forma obligatoria en todos los productos procesados que se comercializan a nivel nacional. 

Esta Ley de Etiquetado ha sido tomada como ejemplo en países como Israel, México, Uruguay y Colombia; y aunque ha sido relevante su puesta en marcha, es solo un paso dentro del largo camino que se debe recorrer para disminuir los índices de malnutrición por exceso. 

La ciencia debe analizar su impacto para entregar evidencia que facilite la toma de decisiones en políticas públicas. ¿Qué factores influyen al momento de elegir un alimento con más o menos sellos? ¿Quiénes consideran más estos sellos de advertencia? 

Estas fueron las preguntas que guiaron el estudio desarrollado en la Universidad Católica del Maule (UCM) y presentado en Inglaterra en el marco de la Summer Conference 2022: Food and nutrition, pathways to a sustainable future, organizado por The Nutrition Society.

Sebastián Cofré, académico de la Escuela de Nutrición y Dietética UCM realizó la investigación que estableció la “relación entre factores sociodemográficos con la elección de alimentos con sellos de advertencia”. 

Cofré explicó que “tomamos como base la última Encuesta Nacional de Salud (2016-2017) en la que hay dos preguntas asociadas a la intención o consideración de compra de alimentos con sellos de advertencia. Esas respuestas las cruzamos con variables sociodemográficas como sexo, edad, pertenencia a alguna etnia, nivel educacional, zona de residencia, etc”. 

“Esta es estadística inferencial, modelamos esos datos mediante un modelo de regresión logística, donde evaluamos cuál es la probabilidad que tienen las personas de comprar alimentos con sellos”, añadió Cofré.

¿Qué encontró el estudio? “Observamos que ser mujer y tener un nivel educativo alto, es un factor protector para considerar los sellos de advertencia a la hora de comprar lamentos. Y, por otro lado, personas que dicen pertenecer a etnias y que viven en sellos rurales, no los consideran. Ser hombre también es un factor de riesgo. Este es un estudio de corte transversal, por tanto, no podemos establecer causalidad, pero si podemos señalar que, según estos datos, los hombres no consideran los sellos al momento de comprar alimentos procesados o ultraprocesados”, puntualizó el académico. 

¿Para qué sirve esta información? De acuerdo con el académico, experto en epidemiología nutricional, “este estudio viene a corroborar hipótesis planteadas en la literatura internacional y nos hace un llamado a focalizar las campañas y política públicas en ciertos sectores”. 

¿Cómo seguir avanzando?

Si bien, el marco legislativo ha ayudado el avance hacia el control de la malnutrición por exceso, lo cierto es que el país sigue exhibiendo cifras. Según la Encuesta Nacional de Salud, el 74,2% de personas en el país presenta sobrepeso, obesidad y obesidad mórbida una cifra que era 10 puntos porcentuales menor en 2010. 

De acuerdo con lo observado por Cofré, esta problemática es multicausal y a nivel internacional se está poniendo mayor énfasis en los sistemas alimentarios, es decir, en lo que involucra producción, procesamiento, distribución, preparación y consumo de alimentos, medio ambiente, instituciones, infraestructura y cómo los individuos se desenvuelven dentro de estos sistemas. 

“Las regulaciones deben ser acciones más estructurales”, apuntó el académico quien destacó tres puntos en los que se debe seguir avanzando: “como primer punto, que exista mayor accesibilidad a alimentos saludables para evitar entornos obsesógenos. Es decir, si yo vivo en un sector donde solo hay minimarkets, kioscos o puestos de comida en los que no hay oferta de alimentos saludables, solo muchos alimentos procesados a bajo costo, la elección se nos hace más difícil”. 

En segundo lugar, “espacios para desenvolvernos y desarrollar actividad física, es muy importante que existan áreas verdes y acceso a prestadores de salud”. Y, como tercer punto, “la educación, fortalecer campañas de prevención y promoción de la salud que son fundamentales desde la infancia para generar mayor conciencia” y focalizarlas en los sectores identificados como de mayor riesgo. 

Sin embargo, los cambios no se logran de la noche a la mañana. “Las experiencias de países que han logrado reducir sus índices de enfermedades cardiovasculares, les ha tomado 10 o 20 años”, advirtió Sebastián Cofré. 

Sebastián Cofré, académico de la Escuela de Nutrición y Dietética UCM.

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