“Pozzo Panadería”, una historia amasada con cuore, pane e amore

Por estos días, se cumplen tres años desde que este emprendimiento local abrió por primera vez sus puertas al público, en el interior del Mercado de Cauquenes, y con sus exquisitas variedades de pan ya se han ganado el corazón de sus clientes. Un negocio con empuje, sello local y con una hermosa historia por contar.

“Pozzo Panadería, Pane Amore”, se inauguró un 07 de febrero de 2018, en un pequeño pero acogedor local del tradicional Mercado Municipal de Cauquenes. Allí comercializan diferentes tipos de pan, que van desde la tradicional hallulla, la apetecida marraqueta o el chocoso, hasta pan integral, fermentados con distintas semillas como sésamo, girasol y linaza o la exquisita focaccia.

Detrás de este emprendimiento está Claudio Pozzo y su esposa Paula Fuentes, pareja con 26 años de matrimonio, los que tras hacerse de un capital decidieron embarcarse en esta aventura, entregando un producto artesanal, de calidad, innovador para la zona y hecho con amor. Pero lo cierto, es que la historia de Pozzo Panadería, no comienza aquí y se remonta hace mucho tiempo atrás.

Luis Pozzo, el patriarca de la familia que desde Recco, Italia, arribó a Cauquenes.

Corría 1926, cuando en la localidad de Recco -en Génova- región de Liguria en Italia, Luis Pozzo -abuelo de Claudio- decide con una moneda al aire si viajar a Chile o Argentina. El azahar lo trajo a nuestro país y un par de compatriotas suyos que vivían en Cauquenes lo hicieron decidir este destino. Acá se dedicó casi exclusivamente a trabajar, sin embargo, la belleza de una chanquina, Ema del Río, lo enamoró hasta los huesos y lo hizo echar raíces definitivas en nuestra tierra. Se casaron, fueron padres de cuatro hijos y Luis comenzó su negocio familiar con panaderías en Chanco y Cauquenes, a las que bautizó como Liguria e Italiana.

En Cauquenes la Panadería Italiana se hizo de un nombre y tradición y -años después- la administración del negocio pasó a manos de Guido Pozzo del Río, padre de Claudio. Se fabricaba pan de manera industrial, era una empresa con muchos empleados y compleja de administrar. Claudio, desde los 15 años comenzó a ayudar a su papá y con cierta impotencia -cuenta- que en 2010 se vieron forzados a cerrar tras el terremoto que afectó gravemente a nuestra zona y dejó a medio Cauquenes en el suelo.

Guido Pozzo, padre de Claudio, en la administración de la antigua Panadería Italiana.

Desde entonces Claudio Pozzo, se dedicó a otras actividades como el corretaje de propiedades, pero reconoce que, pese a estar cansado de la dinámica de una panadería como lo fue la Italiana, algo dentro de él empezó a fermentar y como dicen que la sangre tira, comenzó a explorar -nuevamente- en el mundo del pan.

De manera autodidacta y adquiriendo conocimientos con nuevos panaderos, los que -recalca- tuvieron gran generosidad en compartir sus técnicas y recetas, comenzó a elaborar pan artesanal, hecho con masa madre y variedades de semillas. En él regresaba la secreta obsesión de revivir el negocio familiar, pero a una escala menor e incluyendo estos nuevos productos.

“Cuando decidimos abrir con mi señora la nueva panadería, el compromiso que yo les planteé es que fuera algo agradable. No por ganar plata, sino por hacer un producto de calidad, un buen producto y trabajar en un ambiente bueno”, comenta.

Así las cosas, el negocio tomaba forma, lo primero que pensó fue en revivir el nombre de la Panadería Italiana de su familia, sin embargo ya no era posible porque dicha marca fue ocupada por otro establecimiento comercial. Surge así “Pozzo Panadería, Pane Amore”.

Carlina Díaz Muñoz, mamá de Claudio, atendiendo la antigua Panadería Italiana, cuando el kilo de pan corriente costaba sólo $220 y $240 el especial.

Pese a esta nueva identidad, Claudio asegura que el espíritu familiar sigue siendo un sello característico. Su señora -quien además es parvularia- es la encargada del área pastelería. El centro de operaciones de la empresa, vale decir el lugar donde se fabrican y cocinan los productos, está ubicado en la parcela de su suegra -Rosa Guzmán- que queda en las afueras de Cauquenes. Y el maestro panadero que lo ayuda, llamado Gustavo Torres, partió trabajando en las panaderías de la familia, cuando tenía sólo 20 años de edad y hoy está -otra vez- junto a los Pozzo en esta nueva aventura de masas y harinas.

La calidad es lo que Claudio identifica como el diferencial de su negocio, “estar pendiente de cada pan” y es que mientras las panaderías industriales hacen 10 mil unidades al día, él dice: “Yo hago sólo cien, pero a esos cien, los hago a mano, yo los veo, los miro, los huelo y los espero a que estén listos”.

Una dedicación que aprecian sus clientes. “Tenemos un segmento de público que es harta gente que viene del campo, que consume la hallulla normal y se la hacemos igual (…) y el otro segmento es la gente que quiere comer sano, con un poco más de poder adquisitivo, que le gusta, se informa, que prefiere la masa madre, el pan artesanal. Harto pan integral estamos vendiendo, aunque no es fácil cambiarle la alimentación a la gente”.

Claudio hoy está feliz con su emprendimiento, como buen panadero a las 4 de la mañana está en pie para comenzar a amasar y dar forma a sus variedades de pan. Y cuando -cada día- ve el logo de su local, con el apellido impreso de su abuelo y su padre, dice que es imposible no recordarlos y sentir que están con él. Es que “Pozzo Panadería, Pane Amore” -asegura- “es la familia, la empatía, el amor por el prójimo. Es amor por todos”.

Por: Patricio Alexis Díaz E.

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