“Los Alienígenas”

La derecha y la Concertación no saben lo que crearon. No pensaron que cuando decidieron dar vida al imbunche consumista-aspiracional-endeudado que es el sujeto chilensis, estaban, lateralmente y sin percibirlo, inoculando en las venas de la sociedad chilena un otro monstruoso y desconocido que vendría algún día a cobrar décadas de abuso”.

Columna de Javier Agüero Ávila, docente Depto. Filosofía UCM.

Alienígena: supuestamente venido del espacio exterior (RAE). “Es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice”, decía hace unos días Cecilia Morel consternada por la invasión de esa turba sin nombre, in-nombrable, i-rrepresentable y sin un rostro concreto que fue y sigue siendo el estallido social. La frase no es baladí. Tampoco expresa simplemente lo que una señora de clase alta chilena (de las más altas posibles y, digamos, con “algo” de poder) puede sentir y tabular como miedo frente a lo que le es completamente desconocido. No, la frase es compleja, densa y, aunque pueda parecer al mismo tiempo ingenua y ridícula, da cuenta de aquello que se juega en el imaginario más profundo de la derecha chilena en relación a lo otro.

La esposa del presidente revela, en su pánico, algo que es verdadero y no artificial en su psiquis ABC1 y que conjuga, sin mucha dificultad, el miedo y el horror. Ella no sabe lo que es esa masa intratable que emergió desde alguna marginalidad infernal y que se despliega amenazante intentando descuajar su normalidad neoliberal, sus privilegios naturalizados (y que se apura en querer distribuir cual María Antonieta acorralada), su condición de ser humano excepcional y por encima del “orden de las cosas”. En palabras de Jacques Derrida, ella se enfrenta a lo “monstruoso”, al acontecimiento.

Lo monstruoso, para Derrida, es lo que no podemos figurarnos, representarnos. Es aquello cuya identificación queda prohibida y que no puede ser codificada o categorizada. Es el acontecimiento de lo inesperado que irrumpe para desencajar nuestras certezas, en este caso de clase y de sociedad, y que se organiza desde un borde radical e inlocalizable. Cecilia realmente no puede nombrar lo que ocurre y se cuelga de la noción de alienígena, puesto que en su aparato psíquico no hay archivo que le permita significar el estallido o el acontecimiento.

Sus palabras, en esta dirección, son justamente expresivas de lo que la derecha en particular y la clase política en general (tomo esta noción de Gabriel Salazar) no ha podido descifrar. No hablamos simplemente del descontento ciudadano, de la justa rabia de quienes han sido sometidos desde siempre a una biopolítica del abuso, la exclusión y el margen, sino de una incapacidad anómala y abyecta para leer lo que se juega en los suburbios de la conciencia colectiva, en ese lugar alejado y bizarro que es la sociedad de los excluidos y desechados.

La derecha y la Concertación no saben lo que crearon. No pensaron que cuando decidieron dar vida al imbunche consumista-aspiracional-endeudado que es el sujeto chilensis, estaban, lateralmente y sin percibirlo, inoculando en las venas de la sociedad chilena un otro monstruoso y desconocido que vendría algún día a cobrar décadas de abuso, marginación, falta de oportunidades reales, sin salud, sin educación, sin vejez y solamente apto para el endeudamiento y la desafiliación.

Marc Crépon, filósofo francés, sostiene que vivimos en la cultura del miedo, miedo a todo tipo de cosas (a perder el empleo, a no tener salud, a no poder educar a los hijos, en fin), pero sobre todo a lo extraño, a aquello que sin saber muy bien de qué se trata, viene a sabotear nuestros protocolos y a dinamitar nuestra normalidad. Si bien Crépon se refiere específicamente a la figura del migrante contemporáneo y cómo éste amenaza la idea de pueblo “uno” o de estado-nación en este caso, los alienígenas de Cecilia Morel también expresan aquello que no puede representarse y menos aceptar, pero que sin embargo se sedimentó en la sociedad chilena como un trauma que se simbolizó en el estallido atrincherado de la turba innombrable.

Cecilia habla desde su más honesta y sideral desconexión con el mundo, la cultura y el sufrimiento. Su corta frase resume 30 años de marginación en Chile.

Columna de Javier Agüero Águila, académico del Departamento de Filosofía Universidad Católica del Maule y director del Centro de Investigación en Religión y Sociedad (CIRS).

“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule y Cauquenesnet.cl”.

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Escrito por cauquenesnet.cl

Web de noticias de la provincia de Cauquenes, en la Región del Maule, Chile. Las noticias que a los cauqueninos les importa. #Cauquenes, #Chanco y #Pelluhue.

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