Las plantaron los jesuitas para sus misas cuando llegaron con los españoles. The Washington Post y la revista Decanter destacan las historias de estos viñateros. Aquí, sus testimonios, en una nota original de La Segunda.

 

“Empecé a llamar a Bomberos a las 9 de la mañana del sábado. El fuego llegó a las dos de la tarde y a las cinco estaba todo quemado. Bomberos apareció a las 10 de la noche. Perdimos 18 hectáreas de la cepa país, que tenían 150 años, 100 hectáreas de pino y eucaliptos y la cosecha de trigo”, relata Diego Morales, enólogo y socio de Bisogno Wines, en Cauquenes.

“Es terrible sentirse completamente solo, el fuego avanza, uno sabe que se va a quemar y no puede hacer nada. Mi esposa, mis suegros y un cuidador fuimos los únicos que peleamos para evitar que se quemara la casa.
Habíamos juntado 500 litros de agua e hicimos cortafuegos con una retroexcavadora, sacando ramas, porque la tierra no se quema”.
Morales había formado su viña con dos amigos hace seis años, cuando eran tres jóvenes de 26, en las tierras de su suegro que antes vendía la uva a granel.
Los sueños viñateros también se interrumpieron para Sergio Amigo, contador auditor que hace 45 días había dejado Santiago para instalarse en Cauquenes para administrar su viña, Cancha Alegre. “Compramos 21hectáreas de parras de cepas patrimoniales con mi hermano en 2008 para preservarlas porque la zona se está transformado en bosques. Estaban semiabandonadas, logramos recuperarlas, estaban hermosas, dando buenos frutos. Una parra de cepa país la plantó el bisabuelo del dueño anterior. Tenía 200 años. ¿Cómo recuperas esa historia?”, se pregunta.
Amigo, quien perdió 10 hectáreas, el 70% país y el resto carignan, cinsault y moscatel de Alejandría blanca y rosada, las tres últimas con 100 años en Chile. Como el fuego pasó por arriba de los viñedos todos los días aparecen algunas muertas; “tenemos que esperar una o dos semanas para ver qué pasa”.
El sitio web de The Washington Post publicó las historias de Morales y Amigo bajo el título de “Más de 100 viñedos diezmados en el peor desastre forestal de Chile en la historia”. También lo hizo la revista Decanter, una de las dos más importantes del rubro en el mundo. “Me ha escrito gente de Australia, de Alemania, de Brasil. Me llamaron de The Wine Spectator para hablar de los pequeños productores de cepas patrimoniales a los que se les quemó todo. Con el incendio, Chile perdió la mitad de su patrimonio vitivinícola, la mitad de las cepas país”, afirma Amigo.
Nos envía una foto por WhattsApp de su viñedo con el antes y después del incendio. Todo verde y tupido, porque las cepas país se plantan muy cerca unas de otras, por lo que se aran con caballos. Hoy, todo negro; las plantas arrasadas en el suelo.
Amigo pasó cinco noches en su auto mirando por dónde venía el fuego. “El viernes pasado se nos quemó una parte y no hubo aviones ni acciones del Estado para hacer cortafuegos en los cerros desde donde bajaba el incendio. Estamos rodeados de pinos y eucaliptos. Por eso, todos nos terminamos quemando en la parte más baja”, se lamenta. El incendio terminó el sábado en la madrugada.

Orgulloso, cuenta que Cauquenes es la zona donde se plantaron las primeras parras hace 485 años. “Llegaron los españoles con los jesuitas, que trajeron distintas cepas, porque necesitaban vino para sus misas. Algunas se adaptaron y pasaron a llamarse país”.

También perdió los arándanos plantados entre las viñas, cuatro hectáreas de bosque nativo y una casona de 120 años que iba a restaurar para hacer un minimuseo. “Nosotros somos pequeños, una gran forestal tiene seguros, contrata una cuadrilla, planta de nuevo y listo. ¿Y uno qué hace? Tengo $100 millones de créditos con los bancos y espero que den más plazos y tasas más bajas, porque esto no lo provocamos nosotros”.
Se queja porque, según él, el que quiere planta bosques sin medidas como cortafuegos o limpieza del suelo. “La gente no se preocupa, dice; en 15 años más lo vendo, y no piensa ‘si se quema mi bosque voy a dañar al resto’. Las grandes forestales tienen brigadas y pueden cubrir sus necesidades”.
Ayer reapareció el fuego en las cercanías de Cauquenes, por tres sectores, a 20, 35 y 50 kilómetros. Los caminos fueron cortados. El miedo se reavivó.
“Bosque nativo heroico”
“Mi viña San Clemente tiene 180 años por escritura. La compré con mi socia (Estela Bertoni) en 2004, mantuve la cepa país y planté carignan, que está de moda. Exportábamos a China. Yo vivo de esto. Y perdí 3,5 hectáreas de las cinco que tengo”, cuenta el enólogo Felipe Zúñiga, quien asegura que es imposible que el fuego haya surgido naturalmente. “El día que me quemé, el sábado en la tarde, había en Cauquenes 26 focos de incendios y estaban de norte a sur y de este a oeste”.
Es imposible —afirma— volver a plantar cepa país, porque no hay agua suficiente. “Las parras antiguas, de 150 o 180 años, tienen raíces de 18 metros y se alimentan de napas subterráneas. No se riegan”.
Al menos, logró salvar el spa con tres cabañas, sauna y restorán, que inauguró hace dos semanas, a punta de baldazos de agua con su familia, nana y tres trabajadores. “La bodega de vinos tampoco se quemó, porque el bosque nativo que la rodea fue ‘heroico’, resistió el fuego de manera tremenda”. A diferencia del pino, explica, que posee una resina como cera “que cuando la agarra el fuego arde como una vela, pero el roble, el boldo, el
maitén, el palo colorado, especies nativas, tienen las hojitas arriba y un palo
largo, por lo que cuesta más que se quemen”.
Le preocupa la deuda que contrajo con tres bancos para su spa. “La temporada alta se fue a las pailas”.

 

“Se quemó el bosque que mi abuelo plantó”
“El fuego estaba muy lejos, en un bosque de Celco, a 15 kilómetros, en un cerro. No imaginé jamás que llegaría. Saltó por la carretera, que es un cortafuegos natural. El miércoles (18 de enero) entró a mi campo a las siete de la tarde y estuvimos hasta el viernes”, cuenta Jorge Morandé Lavín, agrónomo, administrador del fundo y socio de Agrícola La Concordia con su hermano Pablo, el fundador de la Viña Morandé, y sus primos Enrique y Alberto Morgan Lavín.
Entre tierras propias y arrendadas poseen 30 hectáreas de arándanos, cinco de tunas y 75 de viñas de pinot noir, pinot gris y chardonnay, que venden a terceros.
“Se quemaron las tunas, porque estaban con pasto, lo que fue mal manejo nuestro; dos hectáreas de viñas, dos de arándanos y las líneas de riego. Lo que más me apena es que se incendió el bosque de pino de seis hectáreas que plantó mi abuelo Jorge Lavín Urrutia hace 100 años cuando se casó con mi abuela, que era muy de ciudad. Para que le tomara más cariño al campo, le plantó pinos y encinas”.
Calcula las pérdidas en $150 millones. La casa se salvó de milagro; el fuego estuvo a 15 metros, pero los trabajadores pararon las brasas. “Este año se veían venir los incendios, hayan sido o no intencionales, yo creo que lo fueron, por el crecimiento de los pastos que germinaron dos meses antes de lo habitual por las lluvias de abril. Estaban muy crecidos. En octubre ya se sabía”.
Por suerte, los arándanos habían sido cosechados y se quemaron las plantas sin fruta. “Estamos arreglando el tema del riego, porque no aguantan más de 20 días sin agua y hay sequía”.
“Tuvieron que doparme”
“Fuimos los primeros viñateros en quemarnos en Cauquenes. Estuvimos cinco días con fuego, desde el miércoles 18. La viña tiene tres generaciones y 15 fabricando vino embotellado. El campo es de 450 hectáreas y se salvaron 10. Perdimos los bosques nativos, pinos y eucaliptos. De las 35 hectáreas de viñas de cabernet, chardonnay y país se salvaron diez. No sabemos si van a dar uva, porque fueron expuestas al calor”, relata Juan Pablo Vergara del Río, dueño de la Viña Casa Vergara, que exporta a Estados Unidos y China.

“Lloré, estuve muy mal, mis hijos me tuvieron que dopar. Uno cree haberlo superado, pero es un trauma tremendo. Miedo e impotencia. Se va todo tu trabajo. Y el fuego está cerca otra vez de Cauquenes”.

Los cinco hermanos Vergara del Río, entre ellos Arturo —socio del estudio Vergara, Labarca— participan en el negocio forestal. Juan Pablo es el único accionista de Casa Vergara. “El daño es enorme. Tenía seis hectáreas de cepa país de 200 años. Son irrecuperables. Las pérdidas superan los $400 millones, sin considerar el lucro cesante, porque hay que esperar cuatro años para que crezcan las parras.
Destaca que la zona del Maule produce el 40% del vino chileno y no entiende cómo el Gobierno demoró tanto en decretar zona de catástrofe en la región. “Pudieron haber sacado al Ejército a ayudar. Es bueno recalcar que fui afortunado porque salvé la bodega, con ayuda de mi familia y los trabajadores. Y la casa. Son dos milagros”.

 

Fuente y Foto: Diario La Segunda

Por: Ximena Pérez Villamil