Crisis Climática: ¿Qué es la COP 26 y qué está en juego?

#OPINIÓN: «El rol de Chile en la Cumbre será menos importante que en la anterior, por la cesión de la presidencia. Llegamos con la memoria de una tarea incumplida, con la sombra de no aprobar el Acuerdo de Escazú, los múltiples conflictos socioambientales que crecen en Chile y la crisis hídrica que se agudiza cada día más, sobre todo en la Región del Maule en donde dependemos de la agricultura».

Por: Consuelo Veloso, candidata a diputada Maule Sur y Pedro Glatz, Representante de Nuestra América Verde en COP 26.

Tras un año de pausa por la pandemia, la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (UNFCC, sigla en inglés del tratado), vuelve a realizarse en su edición N° 26 en Glasgow, Reino Unido, entre el 1 y 12 de noviembre.

El creciente aumento de conciencia y visibilidad de los impactos de la crisis climática, han posibilitado que esta reunión global cobre cada vez mayor importancia. Sin embargo, ¿qué sucederá este año? Para responder la pregunta anterior hay que entregar datos de contexto tanto desde “fuera” de la Convención, como desde “dentro”.

En primer lugar, lo más evidente, es que por primera vez desde sus inicios, la COP se realiza dos años después de la última edición, a causa de la pandemia del COVID-19. Durante el año 2020 se produjo una baja relevante en emisiones (5,4% de CO2) por la caída en la actividad económica, sin embargo, las emisiones ya han vuelto a “rebotar” y durante 2021 deberían estar muy cerca de los mismos niveles de 2019. Por lo tanto, la idea de que el coronavirus era “bueno” para el cambio climático, demostró ser errada.

Lo que sí demostró ser correcto, fueron las predicciones negativas sobre los impactos de la crisis. Después de vivir el verano del norte global más intenso en eventos meteorológicos extremos, en mucho tiempo (incendios en Siberia, huracanes en Norteamérica, inundaciones en Alemania, entre otros), el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) emitió la primera parte del Sexto Informe de Evaluación. Este documento mide las bases científicas mismas de la crisis climática y las conclusiones son desoladoras: los impactos serán más severos y más pronto de lo esperado originalmente.

Por su parte, uno de los hitos que da esperanza en esta edición de la COP es el regreso de EE.UU. al Acuerdo de París, después de la elección de Joe Biden. Sin embargo, no ha logrado modificar -suficientemente- la agenda interna, a lo que se suma la agudización del conflicto con China, que hacen complejas las negociaciones entre las dos superpotencias para acordar las esenciales metas conjuntas.

En lo relativo a la política “interna” climática, recordemos que Chile debe ceder la Presidencia de la COP que ejerció en España el 2019 (después de tener que moverse por la revuelta social). Esta cumbre no tuvo avances relevantes, quedando pendiente el cierre del llamado “Libro de Reglas” del Acuerdo de París, el detalle de cómo funcionará este esencial tratado.

Esta negociación seguirá, pero hay otros dos procesos fundamentales ocurriendo. El primero es que se cumple el plazo del compromiso de financiamiento que los países desarrollados asumieron el 2010, de entregar apoyo en recursos a los países en desarrollo. Éste consistía en alcanzar los 100 mil millones de dólares anuales de apoyo, cifra que, lamentablemente, no se alcanzó. Ahora se debe acordar una nueva cifra y ojalá, mecanismos de transparencia y seguimiento al compromiso.

Por otra parte, este año los estados deben finalizar de enviar sus NDC actualizadas, las cuales corresponden a los compromisos de cada país en cuanto a reducción de emisiones y a medidas de adaptación. Sin embargo, muchas partes aún no las envían, entre ellos muchos altos emisores como Alemania o India. Además, muchas de las enviadas son muy insuficientes. Según un nuevo reporte de la ONU, si se cumplen los compromisos actuales (lo que hasta ahora, nunca se ha logrado), el aumento de temperatura será de al menos 2,7° (la meta es no superar los 1,5°), algo devastador. Por ello, se habla mucho de “ambición”, esperemos que en las negociaciones eso esté presente.

Otro factor importante en las negociaciones es el rol de la sociedad civil y los movimientos sociales. Por el inesperado cambio a la COP 25 su rol fue menor y durante 2020 la creciente ola de movilización se vio detenida. Sin embargo, para Glasgow se espera una gran afluencia de público y un papel muy fuerte de las vocerías sociales del mundo. Las regulaciones del COVID-19 han hecho muy compleja la participación de países menos desarrollados y de la sociedad civil global. Todo esto genera un contexto de presión que debería servir para al menos, llamar a la urgencia.

Finalmente, el rol de Chile en la Cumbre será menos importante que en la anterior, por la cesión de la presidencia. Llegamos con la memoria de una tarea incumplida, con la sombra de no aprobar el Acuerdo de Escazú, los múltiples conflictos socioambientales que crecen en Chile y la crisis hídrica que se agudiza cada día más, sobre todo en la Región del Maule en donde dependemos de la agricultura. Esto se enmarca en un escenario de alta dispersión en la negociación climática dentro de Latinoamérica, por lo que no se vislumbra mucha noticia positiva desde la región.

Por: Consuelo Veloso, candidata a diputada de Apruebo Dignidad por el Maule Sur y Pedro Glatz, integrante del equipo programático de Medio Ambiente y Crisis Climática de Gabriel Boric y representante de la iniciativa Nuestra América Verde en la COP26

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