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El antipoeta apagó la luz

Por: Dra. Lorena P. López Torres
Académica de la Universidad Católica del Maule

Que se puede escribir sobre Nicanor Parra (1914-2018) que no se haya escrito ya. Solo que el poeta de la claridad nos ha dejado luego de 103 años de tránsito por la vida y de habernos entregado una nutrida obra antipoética con títulos como Hojas de Parra, Poemas y antipoemas, Artefactos, Sermones y prédicas del Cristo del Elqui, entre otros. El antipoeta merecedor de importantes reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura (1969), el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1997), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2002) y el Premio Miguel de Cervantes (2011).

En los turbulentos tiempos que corren hoy en día, la voz de Parra pareció, sin refreno alguno, ser la alerta temprana a muchos de los males y problemas de nuestra actual sociedad. Con el recurso a la sátira y al retruécano del verso clásico, trocado para enfrentar a la tradición literaria de Occidente, el antipoeta supo cimentar un espacio que puso en la mira a la antipoesía y al discurso social, como propuestas de un programa literario llamado a inquietar al lector y a la sociedad, siempre desde la ambivalencia. Fue su obra una antesala a la reflexión sobre el lugar y la interacción entre la poesía y el arte conceptual; una preocupación constante en la obra parriana.

Hoy nos ha dejado una figura rebelde, popular, chora, iconoclasta, como lo define el profesor Iván Carrasco. Que su imagen mítica, resguardada en su santuario de Las Cruces, no se diluya, por el bien de la literaria chilena y el de toda una sociedad que reconoce la genialidad de su obra.

Que se erija hoy un nuevo Quebrantahuesos que honre la memoria y la partida de Nicanor Parra; un mural panegírico en el que se inscriba su figura rodeada por un collage de noticias de diarios, fotografías, avisos publicitarios y chistes. Que se levante como una intervención poética en cuyo centro un altar iluminado y tapizado de artefactos señale a los visitantes el lugar en el que reposan sus restos.
El último… el último que apague la luz al salir, por favor.

Epitafio

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

Nicanor Parra 04-cqnet

“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de Cauquenesnnet.cl”.

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1 Comentario »

  1. Proverbios populares que no deshonran a Parra

    Estiró la pata
    Hasta parar las chalupas Don Nica
    Y se fue “pal” patio de los callaos
    Pateando la perra
    Para ser consecuentes
    Todos deberíamos renacer
    Echarle “pa” delante, decir
    Borrón y cuenta nueva
    Hacer de tripas corazón
    Por lo demás por lo de menos
    Vale más muerto que vivo
    El que la hace la paga
    Pero no hay regla sin excepción
    No hay mal que dure 104 años
    Ni cuerpo que lo resista
    Algunos nacen con estrella
    Otros en San Fabián
    Donde se está bien
    Con Dios y con el diablo
    Más temprano que tarde
    Todo lo que sube tiene que caer
    El sol ya no sale para todos
    Estar vivo es un peligro
    En familia sacan sus trapitos al sol
    El que calla otorga, me dicen
    Y… a ti, “patuo”
    ¿Quién te dio velas en este entierro?
    Estamos hasta la tusa de convidados de piedra
    Que sólo vienen para la foto
    Debajo de cada hoja de Parra aparece otro “amigo”
    Otro cuaderno perdido
    Oiga… ¡¡yo no tengo nada que ver!!
    Me defiendo manos arriba
    Apelo al principio de economía que también me rige
    No dejo para mañana lo que puedo escribir hoy
    Por qué tanto barullo, soy sólo un lector
    Un hipócrita lector
    Que lo vio nadar toda la vida contra la corriente
    Para morir en la orilla
    Es decir, enterrado en Las Cruces
    Por propia voluntad
    Entre Neruda y Huidobro
    El antígeno pro-estético era normal
    ¡Ésta es la cuestión!

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