Por: Dra. Sandra Castro
Académica de la Escuela de Educación Parvularia
Universidad Católica del Maule

¿Quién en su infancia no probó la tierra? Ya sea de casualidad o por simple curiosidad, los niños(as) han tenido contacto y experiencias con la tierra en cualquier etapa de su crecimiento. Uno de los juegos más antiguos que ha practicado el ser humano, con o sin elementos, es jugar con tierra. Quedando claro que para jugar satisfactoriamente no se requiere de juguetes elaborados en exclusividad, pueden ser utilizados diversos elementos naturales, que aportan mayores satisfacciones, sensaciones, goces y felicidad a los niños(as) de cualquier edad, en este caso la tierra.

Se siente un impulso natural por jugar con tierra, dentro del juego se produce una gran liberdad, sobre todo de jugar sin preocupaciones de ensuciar la ropa, esto ofrece mayores garantías de significado y goce. La diversión se suma ala actividad saludable, el aire libre permite que los niños(as) disfruten de la brisa, los rayos del sol y de la amplitud; el contacto con la naturaleza invita a imaginar, se estimula la ceativdad, ya que no se requiere mucho para solucionar problemas o transformar diferentes elementos, como el agua, las piedras; complementado con palos, hojas, ramas, semillas, entre otros, utiles como tenedores, cucharones, platos, tacitas, comida…

Cuando se es un niño(a) no se tiene conciencia de lo que implica jugar con tierra, solamente se piensa en tomar aquello que resulta seductor, tan noble que se puede apilar, estirar, moldear con un poco de agua, licuar, realizar comidita, pasteles de barro, pancitos, galletas; solo es necesario un sutil y tranquilo rincón del patio después de que los adultos regaron o arreglaron el jardín.

El jugar con tierra provoca un gran placer a muy corta edad, la sensación en las manos invita a llevarlas por cualquier otra parte del cuerpo. La oportunidad de jugar con tierra entrega o afianza aprendizajes significativos, experimentar con sensaciones nuevas, favorece la imaginación al crear y modelar con el barro; el experimentar con un elemento tan moldeable estimula la curiosidad y lleva al niño(a) a sentir asombro por lo que ve, toca, huele o degusta con tantas ganas.

Actitudes de los adultos

Es necesario que el adulto acompañe esta actividad, pueda interactuar con los niños(as), y supervisar de manera cercana, no por la limpieza del vestuario, sino por seguridad, cautelar que no se lleven las manos a los ojos más que a la boca.

Incentive, en el jardín o patio a montar pastelerías y restoranes, a hacer tortas con ramas, flores y tierra, preparaciones de comidas y ensaladas de pastos y postres, las que se pueden revolver con energía y de forma incansable, a preparar limonadas con agua o con algún trozo de hoja o rama; preparaciones únicas e inimaginables. Vivirán episodios y experiencias inolvidables e invaluables con sus hijos. De igual forma en paseos a la playa, campo, parque, sembrar, aproveche siempre cada oportunidad que la naturaleza brinda.

El hecho de manipular, cavar, modelar y armar con tierra permite no tan solo a recrear objetos, elementos y acontecimientos de la vida cotidiana, sino que el contacto directo favorece indudablemente la relación y comunión con la naturaleza, logrando así a corto plazo la valoración y respeto por ella.

 

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