Por: Dra. Sandra Castro
Académica de la Escuela de Educación Parvularia
Universidad Católica del Maule

Por décadas se ha usado el dicho, que la palabra más linda del mundo es “mamá”, que las madres son ángeles caídos del cielo capaces de brindar el más noble e incondicional amor y muestras de éste. Pero dentro de lo bello que una madre siente y trasmite a sus hijos(as) también manifiesta signos de temor e inseguridad a la hora de la crianza de estos. El querer hacer lo mejor por ellos(as), llena de cierta angustia frente a si está haciendo lo correcto o no, por ello dejo algunas recomendaciones sustanciales a la hora de educar a los hijos.

Ante esta incertidumbre en materia de límites y reglas, el papel de la madre u otro adulto es crucial, ya que los niños y niñas aprenden a actuar, imitando el comportamiento o por la aprobación que reciben. Por ello cobra importancia establecer límites, normas y reglas que permitan un comportamiento social adecuado, el niño(a) no sabe medirse, por lo tanto insiste en hacer su voluntad.

La madre o adulto debe generar una necesidades para el niño(a), y si se incumplen es conveniente repasar la situación problemática con pocas palabras, en forma afectiva y simple, ya que el extenderse puede ser inefectivo y se puede trasformar en una conversación confusa.

El desarrollo normal y positivo del comportamiento del niño(a) se forma según el respeto, la calidez y la participación que tenga (muchas veces depende de la realidad social, del nivel cultural de la familia y del contexto en que se desenvuelve). Los niños y niñas en su etapa de desarrollo infantil, en la madurez y formación de su personalidad, necesitan que los adultos los guíen en la adquisición de aprendizajes, los cuales les permitan la aceptación de sí mismos y la convivencia con otros, realizando lo que ellos(as) desean de manera correcta, sin romper la dinámica del grupo al que se integren.

Hay normas adscritas a nuestra sociedad que regulan las interacciones de las personas en todas las instancias sociales, al igual valores implícitos en el entorno cultural, que vivencian adultos y menores; los que se deben inculcar diariamente, así se podrán desenvolver eficazmente y una convivencia democrática.

Se logran mayores resultados siendo consistente y afectuoso, las reglas, deben ser constante y evitar angustiarse cuando no hay respuesta, se pueden reiterar las veces que se estime conveniente, no siempre lo que funciona con un niño(a) sirve para otro(a). Sí se debe evitar las recompensas sobre todo con dulces u otros obsequios, para que no se transforme en actuar por obtener algo a cambio.

Las reglas que se establecen con los niños(as) es el principio de la formación de hábitos, puesto que los aprendizajes que se logran en las primeras etapas de la vida, contribuyen a sentar las bases de las relaciones que tendrá en la vida adulta, estas interacción y el hecho de sentirse importantes construirán sentimientos de seguridad y de confianza en sí mismos.

Finalmente, es necesario tener presente que los niños(as) no siempre son capaces de afrontar situaciones de la vida diaria como los conflictos, necesitan ser constantemente orientados para que logren un desarrollo social adecuado, y quién mejor que sus madres y adultos cercanos para guiarlos en esta etapa de búsqueda de aceptación por los demás; figuras significativas, con un vínculo seguro y modelos de referencia para ellos(as).

 

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