Pedro Severino
Académico de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas
Universidad Católica del Maule

La sociedad, debido al acceso a la información a través de la internet y en especial las redes sociales, puede navegar en un mar compuesto por acciones que configuran la identidad de las personas, es por ello, que se debe velar por el buen uso de la misma, ya que en ocasiones pueden dañar la integridad física, mental y espiritual de los individuos.

Los casos de la “Ballena Azul” en México, Brasil, Colombia y ahora en Chile, son producto de personas que, a través de grupos cerrados en Facebook, motivan a niños y adolescentes en plena etapa de búsqueda de su identidad, en donde son más sensibles a desarrollar acciones que cada vez atentan más contra su vida, llegando finalmente, a causar la muerte de algunos de ellos. Lamentablemente en nuestro país, ya suman algunos casos dispersos en varias regiones.

Estas prácticas tienen su origen en Rusia, sumando más de un centenar de fallecidos, y algunas de ellas involucran cortes en el cuerpo, invocación de espíritus, reunirse con otras “ballenas”, escalar a lugares que pueden causar caídas fatales, etc.

Frente a estos sucesos, es importante considerar que los padres, las escuelas y los grupos de amigos, son los principales responsables de detectar situaciones que afectan el normal comportamiento de los niños y adolescentes en la sociedad.

Algunas de las acciones que pueden estar asociadas a “Ballena Azul” son: el uso escondido de las redes sociales, la utilización de imágenes que hacen mención a lo tétrico, lo sombrío y la muerte. Es por ello que, se recomienda a los padres, estar más cerca de sus hijos de tal manera que aprendan a discriminar respecto de lo que puede dañar la vida e integridad humana. Por su parte, se espera de las escuelas, estrategias y acciones que permiten monitorear constantemente a sus estudiantes con la finalidad de orientar para el buen uso de la tecnología y no dejar espacios para éste tipo de iniciativas que atenten contra sus educandos. Por último, el círculo de amigos, que son los primeros en conocer el desarrollo de estas acciones, deben estar informados sobre lo nocivo de este proceder.

Finalmente, es importante relevar el rol de la familia en las conductas asociadas a estas prácticas, donde muchas veces la evasión de responsabilidades paternales, la ausencia de valores fundamentales como la confianza, el compartir más en familia y terminar con la inacabada excusa de “no hay tiempo”, hacen que el niño en soledad y/o abandono llegue a vivir estas u otras situaciones que en el más grave de los casos lo induce a atentar contra su vida.

Es una reflexión en familia respecto a lo necesario, ¿qué estamos haciendo como padres?, ¿qué dejaremos como legado a nuestras futuras generaciones? Hay que mirar hacia el corazón de los valores familiares, hacia el rol de los padres y en donde la tecnología es solo instrumento.

 

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