Por: María Teresa González
Académica Escuela de Educación Parvularia
Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad Católica del Maule

Como todos los años, desde 1967, el 2 de abril se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, coincidiendo con el natalicio de Hans Christian Andersen, conocido escritor, de quien hemos escuchado, leído y visto sus historias y un sinfín de adaptaciones a través del tiempo. Hablar de “El soldadito de plomo”, “El patito feo”, “La Sirenita”, “Pulgarcita”, entre muchas otras historias, seguramente trae a la memoria imágenes que nos remontan algunos años atrás, tal vez sentados junto a un adulto, o leyendo solos un libro cuando recién aprendimos a leer.

Sin embargo, para los más pequeños, tal vez el recuerdo venga más de una película, adaptación de la historia original, que de la lectura de un libro. Claramente en la era digital que vivimos las experiencias son diferentes. No obstante, un libro no perderá vigencia y no podrá ser reemplazado plenamente por la tecnología. Un libro, en especial para los más pequeños, es una puerta abierta, una ventana para mirar el mundo, es la excusa para compartir un tiempo en familia, una invitación a soñar. Los libros pueden ser compañeros de viaje, compañeros de cuarto y de juegos. En estas experiencias, difícilmente el libro encontrará reemplazo.

Celebrar entonces el día del libro infantil y juvenil nos lleva a pensar en la importancia que éste tiene para nuestra vida. Los recuerdos que nos generan las primeras historias que escuchamos, las que nos contaban antes de dormir o las que pudimos leer solos están cargados de emociones. En ocasiones nos identificamos con un personaje, en otras, imaginamos estar en un mundo diferente que sólo existe gracias a las palabras que vamos leyendo. Podremos estar de acuerdo o no con lo que sucede en la historia, nos proyectamos en ella, aprendemos de lo que se nos cuenta. En otras palabras, mientras leemos nos transportamos a un mundo interior sin límites.

El libro siempre estará vigente, pero debemos mantener el amor por ellos. Cada vez más vemos cómo los hábitos lectores de las personas cambian y se empobrecen respecto de los libros. Los índices de lectura han disminuido considerablemente. Nos quejamos de los bajos niveles de comprensión lectora y de las dificultades que tienen los niños para escribir sus propios textos. Así también de las consecuencias de la baja comprensión lectora a lo largo de la vida. Toda iniciativa al respecto contribuye a mejorar esta situación, pero a veces se nos olvida una de las alternativas, que tenemos a mano, y que resultaría más efectiva a largo plazo: los libros.

Un niño que vive rodeado de libros, a quien le cuentan una historia por cinco minutos cada día, que concurre a la biblioteca o que conversa sobre las historias que escucha, estará formando habilidades que contribuyen a largo plazo en toda su vida. El lema de la celebración de este año es ¡Crezcamos con los libros!, una clara invitación para padres, educadores y para todos en general.

Crecer con los libros significa leer a los niños desde que están en el vientre, regalarles libros en vez de costosos juguetes que luego terminan olvidados, hacerse el hábito de leer juntos, escuchar cuenta cuentos, ver obras de teatro, títeres, y todas las expresiones artísticas que se relacionen con las historias que gustan a los niños. Para ello actualmente contamos con diversidad de textos especialmente para los niños y jóvenes. Sea teniendo uno o más libros, podremos encantar igualmente a los niños y brindarles experiencias que recordarán toda su vida y que seguramente los llenarán de vivencias y aprendizajes desde los primeros años.

Niños y libros 02-cqnet

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