En entrevista con el diario La Tercera, el parlamentario también afirmó que el ex presidente Sebastián Piñera debe tener “prescindencia total” de todas sus actividades económicas y “entrar a La Moneda sin el traje de empresario”. 

Hace un mes, el senador y ex presidente de la UDI, Hernán Larraín, lanzó el documento titulado “Manifiesto por la República y el buen gobierno (Una invitación a pensar)”, que elaboró junto con el senador RN Andrés Allamand y un grupo de intelectuales ligados a la centroderecha. El propósito del texto es repensar las ideas del sector con miras a un futuro gobierno y aborda lo que debería ser el rol del Estado, el mercado, las instituciones y la sociedad civil, entre otros tópicos.

En la entrevista, el actual senador por las provincias de Cauquenes y Linares -además- confirmó que no volverá a postular al parlamente y cuenta que ya en la elección de 2009 era una idea que rondaba su cabeza.

A continuación reproducimos las respuestas de hernán Larraín a La Tercera:

A un mes de su lanzamiento, ¿cómo evalúa la acogida que tuvo el “Manifiesto por la República”?

Creo que ha tenido un impacto muy superior al que pensamos. Ha tenido mucha repercusión en torno al debate que se ha producido, particularmente en columnas de opinión, algunas muy favorables y otras más críticas. Para nosotros, el primer objetivo era ese. Es una invitación a pensar, y es un documento que iremos perfeccionando. Quizás hubo reacciones un poco extrañas de algunos dirigentes de Chile Vamos que pensaban que esto debía ser producto del trabajo de una comisión. Pero el pensamiento no tiene límites ni se estructura en órdenes burocráticos. El manifiesto tiene el mérito de demostrar que hay ideas fuerza en nuestro sector y que ellas van a ser claves para enfrentar la transformación ideológica neoizquierdista que está sufriendo el país a través de la Nueva Mayoría.

Ustedes le entregaron el texto al ex Presidente Sebastián Piñera. ¿Cómo fue su acogida?

Muy buena. En privado, quienes han conversado con él, les ha hecho ver que este es el tipo de debate que necesitamos para ordenar bien nuestro trabajo. Si somos gobierno, necesitamos que cada uno de quienes integren ese gobierno tenga claro no solo el programa que vamos a tener, sino que todo eso obedezca a un criterio. Yo creo que eso es lo que valoró Sebastián Piñera, porque él más que nadie debe haber sentido que su gobierno no tuviera continuidad en otro de nuestro sector. Y eso es lo que debemos evitar. Tenemos que pensar en tener dos o tres gobiernos de nuestro sector que puedan darles continuidad a las políticas públicas.

El manifiesto reivindica la importancia de llegar a acuerdos. ¿Ve posible que su coalición alcance acuerdos con la Nueva Mayoría y el Partido Comunista?

Es muy difícil llegar a acuerdos con una coalición que no está de acuerdo consigo misma. Uno puede llegar a acuerdo con parte de la Nueva Mayoría, pero al final ellos mismos entienden que sus compromisos políticos les impiden llegar a acuerdos con nosotros. Mientras la Nueva Mayoría siga siendo lo que es -una bolsa de gatos, una expresión de múltiples proyectos políticos más contradictorios que complementarios- será imposible entendernos con ellos.

¿Y de qué manera se podría solucionar eso? Considerando la posibilidad de que Chile Vamos podría llegar a ser gobierno, por lo que va a necesitar de los acuerdos para poder gobernar.

Creo que nosotros debemos expresar nuestras políticas de manera concreta, e invitar a un grupo amplio de partidarios de esa eventual oposición futura a diseñar políticas que logremos consensuar, que tengan calidad técnica indiscutida y efectividad real. Podemos trabajar con quienes tienen la buena voluntad y la disposición de hacer las concesiones que supone todo acuerdo político. Ahora bien, dado el nuevo sistema electoral, no va a haber una fuerza mayoritaria en el Congreso próximo. Por ende, cualquier gobierno próximo, si quiere gobernar, va a tener que hacerlo así: con un gobierno de unidad nacional, de mayor entendimiento de fuerzas políticas. Si no somos capaces de eso, el país va a consolidarse en una mediocridad que perjudicará a la ciudadanía.

El manifiesto también aborda la figura de los gobernantes. Se señala que su estilo de vida debe ser sobrio y que es necesario recuperar la austeridad. ¿No se contradicen estos postulados con la figura de Sebastián Piñera, que es un empresario millonario?

No, porque la austeridad tiene que ver con la forma en como se ejerce el gobierno. El hecho de que el gobernante sea él, que en lo personal, en su vida privada, es un hombre de fortuna, o que no lo sea, no debería ser la señal de cómo se ejerce el gobierno. Se puede ser un gobernante como Manuel Montt, un hombre sencillo y sin fortuna, o como Sebastián Piñera, con mucha fortuna, pero el ejercicio de la función pública se puede realizar con austeridad y humildad. Por ejemplo, siendo un presidente que viaja en un avión comercial y no en un avión presidencial, o en que las recepciones o actividades de gobierno sean modestas, o en que los viajes no sean en primera clase.

Usted planteó, cuando era presidente de la UDI, que su partido no apoyaría a candidatos que tuvieran problemas judiciales. En redes sociales se le ha cuestionado bastante considerando la querella judicial que enfrenta Piñera producto de los negocios de Bancard con Exalmar.

Yo expresé, en vísperas de la elección municipal, que no íbamos a llevar candidatos que tuvieran problemas judiciales efectivos, reales, serios, verosímiles. Y por eso había personas que tenían situaciones complicadas a las que les dije “o resuelves este tema o no te vamos a poder inscribir”. Fue un compromiso ético que cumplimos. Ahora, esto no significa que una persona, por el solo hecho de enfrentar una querella se convierta en una figura que hay que sacar del ámbito político. Si eso fuera así, sería muy fácil empezar a querellarse contra tus adversarios políticos para sacarlos de carrera.

¿Y que enfrente una querella no es una complicación?

En el caso de Piñera, me parece que hay una mera querella de una persona contra él, y por ese motivo él es imputado, pero no refleja ninguna decisión ni del Ministerio Público, ni de los tribunales, y, por lo tanto, eso no tiene ningún valor para inhibir el actuar de alguien. Además, la forma que ha tenido él de enfrentar estas acusaciones ha sido bastante contundente, y creo que se trata de temas muy menores que han sido bien esclarecidos y que tienen que ver más con una campaña de enlodamiento por el miedo que le tienen debido a su posicionamiento político. Como no le pueden ganar por votos, lo quieren botar de mala forma. Pero eso no va a ocurrir, ni sería justo que ocurriese.

Se corre el riesgo de que la investigación judicial permanezca abierta durante la campaña presidencial. ¿Cuánto podría influir esto en su candidatura?

Uno no sabe cuánto influye. Tampoco sé cuánto le importa a la gente que él haya tenido o no conocimiento de un negocio determinado. Yo tiendo a pensar que siempre estas cosas al final producen algún daño, pero que no es un impacto determinante. Creo que, durante el tiempo que dure este proceso, se va a producir un desgaste, pero tengo la confianza de que no hay delito ni ilícito alguno en la conducta de Sebastián Piñera. Pienso que se va a recuperar rápido una vez que el proceso judicial termine y él quede sobreseído.

El vínculo de Piñera con los negocios siempre ha sido un flanco de críticas hacia él. ¿Qué debería hacer él para que este flanco no lo afecte tanto durante la campaña?

Creo que él tiene que garantizar la separación total entre sus negocios y su actividad política. Y si bien él en su primer gobierno hizo un esfuerzo, no fue completo, porque dejó fuera todo lo que ocurría en el exterior. Yo presenté un proyecto para que el fideicomiso también incluyera el patrimonio en el exterior, y espero que se apruebe. Mientras más transparencia logre Piñera para establecer una línea de fuego entre sus negocios, o prepare la entrega de todos ellos al momento en que asuma su mandato, y tenga prescindencia total de todas sus actividades económicas cuando se desempeñe como gobernante en caso de ganar las elecciones, creo que eso va a permitir recuperar esa confianza.

El ex presidente ha dicho que él va a ir “más allá” de lo que exige la ley en materia de fideicomiso…

Aquí hay que ser más exigente de lo que la propia ley señala, y como siempre se sospecha de las personas que tienen fortuna por un eventual interés económico al desempeñar funciones publicas, hay que hacer un esfuerzo especial, sobre todo cuando él ha sido cuestionado por eso. Piñera debe hacer más de lo que la ley exige y asegurar independencia y prescindencia total de intervenir en algo que tenga que ver con su patrimonio o sus intereses económicos mientras sea Presidente de la República. Creo que aquí hay que ser draconiano.

Ese “hacer más” de lo que la ley exige… ¿Cuánto más?, ¿hasta dónde debería llegar?

Creo que Sebastián Piñera debería entrar a La Moneda sin registro económico alguno en su traje, sin libreta de cheques, sin billetera, sin el servidor con sus antecedentes patrimoniales, sin nada. Él tiene que entrar con un programa de gobierno, con una propuesta, a trabajar por Chile y a darle cuatro años más para lograr objetivos políticos, objetivos de Estado, sin un espejo retrovisor que lo haga mirar o recordar su situación de fortuna. Por supuesto que debe tomar las medidas para que su fortuna no se dilapide, que esté bien administrada y que cuando vuelva la encuentre tal cual la dejó. Pero me parece que él tiene que entrar a La Moneda sin el traje de empresario y solo con el traje de político y de Presidente de la República.

¿Debería incluir el patrimonio de sus hijos en ese fideicomiso? Una buena parte de la fortuna familiar está a nombre de ellos.

Es bastante común que las fortunas se vayan estructurando en sociedades familiares, y me parece comprensible que él haya seguido ese camino. Ahora, en la medida que él tenga interés en esas sociedades, o tenga conexión con ellas, deberían también tener algún grado de mandato a terceros. Pero si no lo tienen, y si son enteramente autónomas, me parece que son suficientes las prohibiciones que van a tener esas empresas de poder negociar o pactar con el Estado.

Han pasado dos meses desde que dejó la presidencia de la UDI. ¿Cómo ha sido ese cambio?

Muy bien, pues. Siempre el sacarse la mochila te aligera tu actividad o aumenta tu capacidad de hacer muchas cosas. Fue un período muy intenso, muy difícil y me significó concentrarme mucho en ciertas tareas y dejar de lado otras, por lo que he podido recuperar el equilibrio en mis compromisos como senador, en mi trabajo legislativo, en el trabajo territorial. Tengo una actividad en el ámbito de la transparencia y acceso a la información pública que me demanda mucho trabajo en Chile, pero también en el exterior, y como este es mi último año de senador, quiero cerrar para que esas instituciones puedan seguir funcionando bien una vez que yo me retire.

¿Mantiene, entonces, su decisión de no repostular al Senado?

Absolutamente. Tuve esa duda para mi segunda reelección, en 2009, y finalmente me quedé, pero con el compromiso de que esa iba a ser mi última reelección. Lo que pasa es que la gente no le cree a los políticos (ríe), pero lo voy a cumplir.

¿Y qué piensa hacer después de que deje el cargo?

Ahí veré. Yo soy un hombre de vocación pública, así que seguiré en lo público. Si ganamos el gobierno, a lo mejor puedo colaborar en algo en el nuevo gobierno. Pero aunque así no fuera, porque eso es decisión de otro, buscaré alguna actividad, probablemente vinculada a lo que hacía antes de dedicarme a la política, que era la actividad académica y otros espacios de trabajo, siempre en el ámbito social.

¿Le gustaría formar parte de un gabinete en el próximo gobierno?

Mire, no quiero ni decirlo porque pareciera que uno estuviera pidiendo un cargo. Cuando entré a la política, entré a trabajar en lo que me pidieron, que fue ser candidato a senador. No me gusta que en política se pidan cargos, no me gusta ese esquema, sino más bien el ponerse a disposición. Hay muchas formas de ayudar a un gobierno, y en lo que otros estimen lo que yo puedo hacer, ahí estaré.

Fuente: La Tercera