Tras el terremoto del 27-F, Rosa Norambuena, salió adelante y consolidó su venta de ladrillos fiscales en Cauquenes. Luchadora por naturaleza, el paso por la institución de desarrollo social le cambió el rostro a su emprendimiento.

Hace 17 años, Rosa Norambuena (43) comenzó un negocio que para muchos era un rubro exclusivamente masculino. Fue así que se convirtió en una de las primeras mujeres en dedicarse a la fabricación de ladrillos fiscales en Cauquenes, VII Región del Maule, lugar donde este material para la construcción se produce en grandes cantidades.

“Al principio empecé con una sociedad y hace ocho años estoy sola en esto. Éramos un grupo de amigas que decidimos aprender este oficio, observando como lo hacían personas más expertas. En la zona se fabrica mucho ladrillo, antes era una actividad pequeña y ahora es mucho más masiva. He logrado mantenerme con proyectos, financiamiento propio y ayuda de amigos”, comenta.

Rosa recuerda que luego del terremoto del 27-F perdió su casa y fuente laboral, quedándose prácticamente sin nada. La tragedia la pilló muy mal parada, ya que no logró recibir ayuda estatal para levantar su vivienda, teniendo que recurrir a préstamos para volver a ponerse de pie.

Pero fue Fondo Esperanza (FE), la que la impulsó a seguir creciendo como microempresaria. Pocos meses después de la catástrofe, conoció a la institución de desarrollo social, integrándose al Banco Comunal (BC) “Santa Sofía con esperanza y esfuezo”. “Fue una gran ayuda, llegó en el momento preciso”, rememora la cauquenina.

Según cuenta la mujer, su ingreso a FE le permitió poder trabajar sola, reduciendo sus deudas y optimizando la gestión. Mangueras, ladrilleras, carretillas e insumos son parte de lo que ha podido comprar con el financiamiento, abasteciendo por completo su empresa.

Esta empresaria se reconoce como luchadora, responsable y perseverante, logrando consolidarse dentro del mercado nacional: “Muchas mujeres emprendedoras destacamos por entrometernos en las pegas de varón y ahí logramos surgir. No competimos físicamente, pero si intelectualmente. Sin saber nada, me he perfeccionado y realizado con el tiempo”.

Sobre lo vivido en FE agrega que ha sido “una experiencia enriquecedora”, por la confianza y respeto depositado en ella desde los inicios, lo que se ve reflejado en su relación con el BC al cual pertenece hace cinco años. “He tenido un buen trato, me he empapado con los valores de Fondo Esperanza”, explica.

En cuanto a su crecimiento empresarial, la mujer se siente orgullosa de lo desarrollado y sueña con agrandarse en un futuro próximo. “La institución es el ancla, es mi base, de ahí organizo todo. Pretendo comprarme un vehículo para transportar mis materiales. Dentro de todas mis proyecciones Fondo Esperanza es el pilar que necesito para cumplir mis metas”, concluye.

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