#OPINIÓN: «El desarrollo económico, y cultural, el cual contribuye a incrementar la calidad de vida de las personas, está directamente relacionado con al acceso a la educación y formación de capital humano avanzado. Vivimos en un mundo que es cada día más complejo, donde la técnica y el conocimiento incrementan su valor a diario».
Por: José Gerardo Moya C., Doctor en Química, Física y Catálisis de la Universidad de Utrecht, Holanda.
En las últimas décadas, el mundo ha experimentado cambios sustanciales, uno de los principales factores que ha propiciado estos cambios, ha sido la evolución tecnológica. Hemos sido testigos de éstos, por ejemplo, en el modo de comunicarnos. Hace un poco más de dos décadas, los teléfonos de línea fija lideraban el mercado, y tímidamente hacían sus primeras incursiones los teléfonos portátiles, los cuales ofrecían limitadas opciones de cobertura y prestaciones, pero eran el primer paso para la revolución tecnológica que vendría.
En este nuevo mundo, hiperconectado, donde nuevos productos, y servicios han surgido, un ejemplo de aquello son las aplicaciones para teléfono móviles, la educación no ha perdido su valor, al contrario, ha aumentado, particularmente la educación terciaria o universitaria. El desarrollo tecnológico está directamente relacionado con el desarrollo de capital humano altamente calificado, un ejemplo de ello corresponde a países como Israel, Corea del Sur, o Suecia, dónde se invierte 5,44%, 4,81%, y 3,53% -respectivamente- del producto interno bruto (PIB), o la riqueza que un país produce en un año, en innovación y desarrollo tecnológico (según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos-OCDE). En este complejo mundo en que vivimos, es difícil imaginar que exista desarrollo tecnológico, y con ello una mejora en la calidad de vida de los habitantes de un país, sin una fuerte inversión en desarrollo tecnológico y educación.
En un contexto nacional, y según datos del Global Data Lab, de la Universidad Radbound de Nimega, en los Países Bajos, a 2021 la región del Maule posee el segundo peor Índice de Desarrollo Humano (IDH), indicador que mide el acceso a oportunidades y a un alto nivel de vida, solo superando a la región de la Araucanía. Además, la región del Maule es la cuarta región con peor ingreso per cápita, solo superando a la región de Ñuble, Araucanía, y Los Ríos (según datos del Observatorio del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación). Adicionalmente, el tercer Índice de Desarrollo Regional (IDERE), desarrollado por el Instituto Chileno de Estudios Municipales (ICHEM) y la Universidad Autónoma de Chile, ha revelado que la región del Maule presenta la peor tasa de analfabetismo, y los menores años de escolaridad del país, obteniendo un desempeño bajo (0,614), en el grupo de desarrollo bajo. Por lo tanto, la región del Maule, y particularmente nuestra provincia, Cauquenes, necesita el desarrollo de ambiciosos proyectos educativos, por ejemplo, una Universidad local, que contribuya a incrementar el acceso a oportunidades de sus habitantes, y así mejora su calidad de vida.
En las últimas décadas, uno de los principales motores de crecimiento de las ciudades, particularmente las capitales regionales, ha sido el desarrollo de proyectos educativos, particularmente de educación terciaria o universitaria. Un ejemplo de aquello corresponde a las universidades de carácter local establecidas en Talca, como son la Universidad de Talca, y la Universidad Católica del Maule, además de otras instituciones como la Universidad Autónoma de Chile-Campus Talca, la Universidad Santo Tomás-Campus Talca, entre otras. Estas instituciones han jugado un papel preponderante en el desarrollo económico, cultural, y demográfico de la ciudad. De acuerdo con los datos publicados en el Reporte Comunal de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile-BCN, desde 2002 hasta 2023, la población de Talca ha aumentado en un 19,5% (esto considerando las proyecciones para el año 2023), número mucho mayor al aumento experimentado por la ciudad de Cauquenes para igual período (7,7%). Además, la cantidad de habitantes de edades entre 15 y 44 años, en el caso de Talca, correspondió a un 44,7% en el 2017, y se estima que en 2023 es 42,7%. En el caso de Cauquenes, para los mismos años, son de 37,4%, y 35,4%, respectivamente.
Otro ejemplo de crecimiento regional corresponde a la ciudad de Chillán, la cual ha experimentado un crecimiento en su población de un 29,3% para igual período (2002 hasta 2023, aquí se considera las municipalidades de Chillán y Chillán Viejo), y su población entre 15 y 44 años, correspondió a un 43,1% del total para 2017, y se proyecta un 41,2% para el 2023. Hay que considerar que Chillán posee una institución universitaria local, la Universidad Adventista de Chile, además de sedes de otras instituciones como la Universidad de Concepción-Campus Chillán, el Instituto Tecnológico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, la Universidad del Bío Bío-Sede Chillán, entre otras instituciones.
Las universidades no solo atraen población joven a la ciudad, la cual contribuye a la economía local beneficiando a pequeños y medianos negocios, por ejemplo, alojamiento, entretención, entre otros. Además, en este tipo de instituciones se forman las futuras élites locales, las cuales serán protagonistas del desarrollo de dichas ciudades. No es una sorpresa que los estudiantes, una vez egresados de sus respectivas carreras, tienden a quedarse en la ciudad en donde realizaron sus estudios, debido a que conocen la ciudad y han generado una red de contactos que los apoya.
El desarrollo económico, y cultural, el cual contribuye a incrementar la calidad de vida de las personas, está directamente relacionado con al acceso a la educación y formación de capital humano avanzado. Vivimos en un mundo que es cada día más complejo, donde la técnica y el conocimiento incrementan su valor a diario. Por lo tanto, los hijos de Cauquenes deberíamos empezar a conversar sobre la idea de tener nuestra propia universidad local, la Universidad de Cauquenes, y así tomar las riendas de nuestro destino en nuestras manos, por el bien de nuestras familias, y de nuestra querida ciudad.

Por: José Gerardo Moya Cancino, Doctor en Química, Física y Catálisis de la Universidad de Utrecht, Holanda. Académico e Investigador de la U. Finis Terrae.
