El Centro de Apoyo a Víctimas de Cauquenes del Programa para Víctimas de la Subsecretaría de Prevención del Delito, a través de su coordinador, el psicólogo Cristián Lagos Parra, entregan una práctica guía para que los padres puedan explicar a sus hijos situaciones de desastres como la ola de incendios forestales que afectan tanto a Cauquenes, como a gran parte del resto de la región del Maule y de otras regiones del país como O’Higgins, Biobío y La Araucanía.

Los niños son una víctima muy especial de los desastres. Algunos los sufren directamente: la muerte de un familiar, padres, hermanos, tíos o de compañeros de colegio, viviendas, juguetes o mascotas. Supone en su vida una ruptura difícil de asimilar. Pero hoy todos los niños de Chile se están enfrentando a una situación y a imágenes enormemente duras e incomprensibles. Vamos a plantear algunos consejos dirigidos a padres y familiares para ayudarles a afrontar esta situación.

1. ¿QUÉ DECIR A UN NIÑO?

Nunca mentir. No se le puede decir que no pasa nada, o que su familiar o mascota desaparecidos se ha ido de viaje y tardará mucho en volver. Pensemos que el niño no es tonto ni sordo, y probablemente va a conocer la verdad a través de otras personas, a veces de manera más cruda y más dolorosa. Cuando esto sucede se siente engañado. Si hay alguna mala noticia que dar al niño, ¿no es preferible que lo hagan las personas a las que el niño quiere y en las que confía?

  • Decirle sólo aquello que el niño pueda entender. Debemos tener en cuenta la edad del niño y su nivel de comprensión, pues tan absurdo sería dar explicaciones excesivas a un niño de 3 años como evitarlas en uno de 11.
  • No dar más información que la que el niño necesite y pueda asumir. En general es el propio niño el que marca los límites, preguntando más o cambiando de tema.
  • Siempre es bueno responder a las preguntas que nos haga el niño sobre lo que ha pasado. Cuando se trata de la muerte de alguna persona próxima, puede ocurrir que no se atreva a preguntar, y en ese caso, aunque no pregunte hay que decírselo.

2. ¿CÓMO DECÍRSELO?

  • Con naturalidad, sin buscar situaciones solemnes o revestir los hechos de un dramatismo añadido.
  • Poco a poco, explorando lo que el niño ya conoce y lo que piensa o teme. En el caso de las noticias más graves se pueden fraccionar, de manera que pueda ir asimilando poco a poco, primero el incendio, luego que hay personas de su familia heridas y finalmente que han muerto.
  • Con el tono emocional adecuado. El niño puede y debe percibir que los adultos están tristes, o que lloran, que lo sienten tanto como él, pero que no han perdido el control. No se pueden decir delante del niño cosas como ”yo también me quiero morir” o “¿qué va a ser de nosotros?” .
  • Buscando, difícil de encontrar en este caso, algún aspecto positivo que sirva de consuelo, del tipo de ”no sufrió nada”, si es que estamos hablando de un fallecimiento en el acto; o de que el desastre podía haber sido mucho mayor y los bomberos pudieron apagar bien el fuego, si le estamos explicando el incendio.
  • Brindando siempre el mayor apoyo emocional, el niño debe sentirse apoyado y querido.

3. ¿QUIÉN DEBE HABLAR CON EL NIÑO? 

Las personas más próximas, si necesita ayuda profesional para hablar con el niño pídala, pero piense que él siempre preferirá que se lo digan su padre, madre o seres más próximos.

4. ¿QUÉ REACCIONES PUEDE TENER EL NIÑO? 

  • Muchos niños pequeños, sobre todo los menores de 7 años, reaccionan sin respuesta emocional, por ejemplo preguntando si se pueden ir a jugar ya. A veces no lloran ni exteriorizan sus sentimientos.
  • Con frecuencia también en los más pequeños, surge una pregunta o comentario “egoísta” del tipo “¿y ahora quien me ayuda a mí a hacer los deberes?. (egoísta en el sentido de estar centrado en sí mismo, propio de niños pequeños)”
  • Es muy frecuente en niños de todas las edades que rechacen en los días sucesivos hablar o comentar lo ocurrido, e incluso en los más pequeños, que se comporten como si no hubiera pasado nada. Reacciones frecuentes, incluso en niños que no hayan tenido víctimas en su entorno, son las pesadillas, los terrores nocturnos y las preguntas y preocupaciones de los pequeños sobre la muerte.
  • Otras de las reacciones que pueden presentar los niños dependiendo de su edad son:
  • Desesperanza 
  • Confusión 
  • Miedo a la separación de los padres 
  • Regresar a comportamientos de edades anteriores: chuparse el dedo, hacerse pipí en la cama,… 
  • Cambios en el comportamiento o en el humor 
  • Malestar físico 
  • Juegos relacionados con el suceso.

Todas estas reacciones son respuestas normales a este tipo de situación, siempre que no sean excesivas o duren demasiado (más de un mes), en ese caso observe a su hijo y consulte con un profesional.

5. ¿CÓMO ABORDAR SIMPLEMENTE EL TEMA DE LOS INCENDIOS?

  • Informe a su hijo adaptando para esta situación lo expuesto en los apartados anteriores.
  • Es una buena ocasión para transmitirle algunos valores, como la solidaridad: enseñarle a que aprecie las conductas solidarias de tantas y tantas personas. Muchos niños querrán “colaborar” de alguna manera, con flores o dibujos los más pequeños, o asistiendo simbólicamente a las movilizaciones de ayuda aquellos más grandes.
  • Explique claramente a los niños más pequeños su condena de lo ocurrido. No se trata de asustarles, sino de que sepan claramente lo que usted piensa.
  • Y por favor, evite que vean constantemente las imágenes de cadáveres, heridos o llamas consumiendo lugares que emiten los medios de comunicación, especialmente de la televisión y si no lo puede evitar, enséñele a respetarlas.


6. OTRAS RECOMENDACIONES PARA PADRES 

  • Mantener la rutina de los niños sobretodo en sueño y comida.
  • Evitar separaciones innecesarias.
  • Mantener un ambiente calmado y cercano en presencia del niño.
  • Dejarle que juegue con cosas relacionadas con el suceso (por ejemplo: una ambulancia o carro bomba de juguete, un coche de policía,…). Esto ayuda a superarlo y a integrarlo en su historia de vida.
  • Facilitar el encuentro con sus amigos.
  • Ayudar a los niños a poner nombres simples a sus grandes sentimientos.
  • Tener conversaciones con el niño en las que se hable del suceso ajustándose a la edad. Y por último, entender que la estabilidad emocional de nuestros retoños, depende de una reacción madura y coherente de los padres