El académico Claudio Fredes, de la Escuela de Agronomía de la Universidad Católica del Maule advierte sobre las nocivas consecuencias que el mal tiempo ocasionó en los viñedos.
«Por un lado, la imprevisibilidad de estas precipitaciones en la magnitud en que se presentaron (más de 100 mm en una semana en abril) es desconcertante. El año pasado en una entrevista, el enólogo español Miguel Torres decía “ahora está empezando un clima un poco más seco que va a ayudar a la maduración de la uva y pienso que va a ser un año realmente bueno. Va ser una vendimia con un buen volumen pero también con una buena calidad, que es algo que no todos los años sucede”.
Sin embargo, no fue así para las variedades tintas y aquellas más tardías como carménère y otras tintas plantadas en sectores más fríos. Los blancos se escaparon de las lluvias, el problema ahora es de los tintos y de aquellos más tardíos.
La consigna es cosechar ahora ya, antes de que llegue otra lluvia.
Actualmente debemos enfrentar varios problemas que las lluvias acarrearon como una alta pérdida de fruta por pudrición, pero también se suman otros como la maduración, ya que las uvas no aumentaron más sus grados Brix, por efecto dilución con agua y por nula deshidratación.
Otro problema es que hay fruta con botrytis y partiduras. Esto comienza con piel suelta y luego avanza a un estado de pudrición ácida generalizada. Las cepas más sensibles a este fenómeno son Syrah, Malbec y, en un menor grado, Cabernet Sauvignon. Ya se han reportado un alto desgrane en Malbec, que es una cepa muy susceptible.
Y, finalmente, las lluvias también influyen en las cosechas, ya que resulta difícil acceder a ciertos lugares del viñedo, por lo que es necesario realizar una adecuada planificación de labores prioritarias. Se debe decidir el mal menor. Se debe definir la estrategia y qué variedades se protegerán. También se debe elegir a conciencia los cuarteles que se dejará con fruta, ya que después no se podrá entrar con máquinas.«


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