A una semana de desarrollada la elección de alcaldes y concejales en Chile, hay varias cosas  que se sacan en limpio, pero la principal es la alta abstención a nivel país. Muchos políticos ahora a dicen que -quizás- no fue buena idea quitar el carácter de obligatorio al voto, pero ninguno es lo suficientemente claro para aceptar los verdaderos errores.

El proceso eleccionario del domingo 28 de octubre tenía carácter de histórico, después de 24 años de elecciones democráticas, se estrenaba la inscripción automática y voto voluntario. Este nuevo -y revolucionario- sistema probaría la madurez democrática de nuestros ciudadanos, sin embargo, las interpretaciones fueron variadas.

El primer gran resultado fue la alta abstención a nivel nacional, la que llegó a cerca del 60 por ciento, vale decir que más de la mitad de los 13 millones de chilenos aptos para votar, decidió no ejercer este derecho (el peor de los pronósticos del Servel lo estimaban en sólo un 30%). En Cauquenes, la abstención fue más moderada, pero no menor, superó el 44%. En la región, ésta se empinó en el 51,7%.

Exijo explicación

El Presidente Sebastián Piñera, al día siguiente del proceso señaló: “Hay algo que no podemos dejar pasar. Por primera vez, ayer (domingo 28) tuvimos inscripción automática y voto voluntario, qué significa eso, hacer que el voto sea un acto de libertad, que la gente vote no por temor a una multa, sino porque quiere comprometerse con su comuna, con su ciudad, su país. Quiere que su voz sea escuchada, quiere aportar al desarrollo de nuestro país, esa era la esencia del voto voluntario”.

El senador Hernán Larraín (UDI), si bien no culpa al nuevo mecanismo, dice que hay que darle una nueva oportunidad para asegurar que el problema no es el instrumento, de ahí en adelante repensar que hacer.

“La responsabilidad sobre el fracaso del mundo político por la enorme abstención no se debe al voto voluntario, se debe al repudio de la acción que hemos desarrollado en el último tiempo, y no se trata de volver a cambiar el sistema y hacerlo obligatorio”, indicó.

La senadora concertacionista, Ximena Rincón (DC), tiene una opinión similar a la de su colega por Maule Sur, señalando: “Fue una jornada triste para la democracia, porque se eligieron autoridades con la menor representatividad en la historia reciente del país, lo que no sólo se explica por el voto voluntario, sino que también por la escasa sintonía entre el mundo político y la comunidad”.

La parlamentaria también dijo que este nuevo sistema de votación plantea nuevos desafíos. “No sólo deben limitarse y controlarse adecuadamente los gastos de campaña, sino que también debe fomentarse la participación. Por ejemplo, financiando el traslado desde zonas lejanas a los centros de votación, a lo que el Gobierno se opuso en esta ocasión”, manifestó.

Para Roberto Mendez, director de Adimark, “el que no sea obligatorio ir a votar, hace a la gente meditar sobre el efecto posible de su voto, ya sea en elecciones que se dan por seguro un ganador o en aquellas partes donde no hay competencia. Las personas sienten que su voto no tiene propósito y no van a votar. Esto tiene que ser un aprendizaje de cómo opera el voto voluntario: una verdadera tarea de una coalición es que sus candidatos vayan a votar, no solo que los prefieran”.

Y aunque Mendez, es un abierto opositor al voto volunario, dice: “Sería bastante impresentable que entre gallos y media noche se procediera a cambiar el sistema. Esta primera prueba no funcionó. Tenemos que tomar nota, vivir una nueva elección más, y ahí considerar modificarlo”.

Qué falló

Definitivamente en este proceso electoral quedó claro que la clase política no supo leer este nuevo instrumento. Desaprovechó la oportunidad para elevar el nivel del debate y hacer una campaña de propuestas serias y responsables. Cayó en los mismos vicios de siempre, la pequeñez, el asistencialismo y un discurso burdo y sin fondo.

Cauquenes no estuvo exento de aquello, el alcalde reelecto -Juan Carlos Muñoz- nunca presentó un programa o carta de navegación para su nueva gestión, declinó de participar de debates públicos y sólo en la última semana -previo al proceso- se paseó por los medios haciendo uso del viejo recursos sentimentaloide que nos gusta tanto.

En el caso de los concejales, el panorama fue más o menos similar, de entre los seis elegidos -de gobierno y oposición- sólo uno tenía un programa de gestión, se trata del RN, Luis Mario Vignolo, orientado principalmente en mejorar la atención al ciudadano en la propia casa edilicia, regular el comercio en pro de la Responsabilidad Social, además de comprometerse a fomentar la cultura y el turismo en la zona.

Para el resto de los integrantes del nuevo concejo municipal sus preocupaciones comenzarán recién cuando deban fijar su asignación, de entre 6 y 12 UTM, aspirando poder recibir hasta 475 mil pesos mensuales, por asistir al concejo una vez a la semana, deben tener claro -eso sí- que en caso de inasistencia a alguna de las reuniones se les descontará de manera proporcional.

Volviendo al tema central, la solución no pasa por cambiar el carácter de voluntariedad del voto, pasa por el hecho que la clase política reconozca que no supo interpretar a la ciudadanía, tome conciencia de su rol y de sus funciones, y actúe de manera seria y transparente de cara a la comunidad. Sin prometer cosas que no corresponden a sus funciones, ni conquistar un voto recurriendo a dadivosas técnicas de antaño.

Por otra parte, los ciudadanos deben tener claro que ejercer el derecho a voto es un acto de responsabilidad que apunta a tomar decisiones para vivir mejor como comunidad y no para sacar provechos personales e individualistas de corto plazo.

No participar también es una opción válida, pero incluso el no participar debe ser una decisión meditada y tomada con responsabilidad, porque su voto ahora cuenta más que nunca y la libertad para disponer de él -sin presiones- corresponde sólo a usted.

Por: Patricio Alexis Díaz
Periodista y Licenciado en Comunicación Social
Editor General Cauquenesnet.com