Voy y Vuelvo…!!: Sangre de Héroes

A los 17 años supe del mito más importante de la historia de mi familia: uno de mis antepasados, el fundador de los Cancino, llegó a nuestras tierras junto al ejército libertador del General San Martín, prócer argentino, responsable de la liberación de su propio país, Chile y Perú.

Grande fue mi sorpresa y alegría al reconocer en mi sangre la valentía de un héroe patrio. No tengo por qué dudar de la veracidad de este cuento. Me lo reveló un viejo habitante de Sauzal.

Según el viejecito, sentado a la sombra de una parra, mi tatarabuelo fue un personaje inolvidable por su acento “che” y sus botas vaqueras.

-¿Usted lo conoció?- le pregunté con mis negros ojos de aceituna.

-No, niña- me escupió con una mueca – No soy tan viejo.

Me contó lentamente, buscando con tiempo la palabra justa, que su padre fue un gran amigo de mi antepasado, el rebelde. Siendo muy niño, se convirtió en su más fiel colaborador: le lustraba las botas mientras escuchaba de boca del libertario las hazañas de los hombres de a caballo que arrasaron con el virreinato español.

Cuando Chile obtuvo la independencia, mi tatarabuelo colgó el fusil. Se convirtió en desertor y paria, por amor…

-¿Por amor a mi tatarabuela?- pregunté romántica.

-No había mujer que le robara el corazón. Aunque él robó más que eso a las muchachas de esta villa-, me contestó pícaro.

No fue una mujer, fue la tierra. La tierra seca de Sauzal y el valle fértil de Cauquenes, que en ese tiempo llevaba nombre de dama: “Nuestra Señora de las Mercedes de José de Manso del Tutuvén”.

“De José de Manso”. El “de”, nos da a suponer que la tal Señora tenía dueño.

Y a nuestro héroe, mi tatarabuelo, le gustaban las mujeres ajenas y eligió una tierra con nombre de mujer de otro.

Margaritta Molina era una jóven mapuche de 17 años que estaba comprometida. Una noche se quebró una pierna al caer del caballo. El destino quiso que mi tatarabuelo, corajudo, la subiera a su córcel sin esperar consentimiento y la llevara al hospital. El novio de Margarita agradeció al maduro voluntario, pero se convirtió en el hazmerreír del pueblo cuando, meses más tarde, se anunció la boda entre el valiente jinete y su doncella.

Sangre de héroe corre por mis venas, sangre de un amante del valle, los espinos, el polvillo que raja la piel.

Somos mezcla. Y nuestros genes, depositarios de la historia de Chile, que hoy cumple 200 años.

En las puertas de pino de nuestras casas de adobe llamaron los valientes del Ejército Libertador y nos hicieron cómplices, herederos de su hidalguía, de la fuerza indescriptible del que lucha con lo imposible. Agricultores de sueños y de vino dulce para embriagar al enemigo y avanzar entre escombros si es necesario.

Somos tranquilos adoradores de lo poco que tenemos porque la libertad no es ambición de posesiones. Es ambición de paz.

Mi tatarabuelo encontró la paz después de la batalla y supo apreciar la ofrenda de nuestra tierra. Así la apreciamos nosotros y nos aferramos a lo que hemos construído.

Ya no se llama “Nuestra Señora de las Mercedes”. Se llama Cauquenes, en honor a un ave migratoria que recorre el sur del continente para aparearse en nuestro seno.

Cauquenes libertario, refugio de Manuel Rodríguez, el escapista que se escabulló de las garras de la corona. Pablo Neruda, en una tonada, nos dice que el guerrillero “…pasó por Cauquenes, por Chena, por Nacimiento…”

Y me pregunto si mi tatarabuelo habrá abierto las puertas de su propia casa para cobijarlo.

Por: María Elizabeth Cancino
Periodista y Licenciada en
Comunicacion Social
Ilustración: Hans Garrino

4 comentarios

  1. ¡Muy bonito y evocativo el relato! Nuestro pueblo heroico, luchando saldrá siempre adelante, superando terremotos, vaivenes económicos y malestares. ¡Por otros 200 años de pura cepa chilena! ¡Viva la patria!

    Romualda Quiroga
    (Pardal)

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  2. (reclamo para la autora)María Cancino, de Cauquenes: cómo es que nunca me contaste esta historia antes!!! que belleza saber algo así… que daría yo por saber de mis antepasados…pero no tengo idea, porque además como eran todos medios chuscos, hay ahí unas mezclas de sangre «no oficiales» de las que me es imposible saber la pura y santa verdad (incluidos unos marinos de esos que atracaban, literalmente, en Valparaíso)

    Como siempre…un relato lleno de sensaciones.
    Felicitaciones mil veces por tu arte.

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  3. Estoy investigando la genealogía de los Cancino y me gustaría conseguir el correo electrónico de la autora del artículo para intercambiar información. Gracias por adelantado desde Nueva Jersey.

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