Voy y Vuelvo…!!: “03:34 am”

A las 3 y 34 de este sábado 27 de febrero, yo estaba despierta en casa, lúcida y orgullosa como suelo estar cuando me toca defenderme. Porque me defendía a esas horas, en medio de una discusión con el hombre que elegí para que acompañe mi vida.

Era de esas tensiones que dejan de importar en cuanto uno toma un metro de distancia y comprende el despropósito de seguir rondándole a las diferencias. Había que calmarse y dormir, pero no era sencillo. En un sentido totalmente opuesto al necesario, sentí que se me agarrotaban los músculos del cuerpo y comencé a llorar como quien sufre una desgracia. El llanto llevó de pronto a la histeria y tuve impulsos de salir corriendo de la casa para perderme en la noche, oscura.

Uno escribe y no sabe para qué. “Sirve para apaciguar”, me dije y pude relatar lo siguiente: “Tengo miedo… Se me puso el cuerpo de una forma rara. No puedo controlarme… No puedo parar de sentir que se me salta el corazón, que me doblo, que me quiebro, me caigo. Estoy muy cansada. Siento una terrible pena. Me veo tan pequeña. Más que otras veces, porque he recorrido mucho camino y me han pasado cosas, pero sigo en el mismo punto de siempre. Sigo siendo un pollo… No quiero que me echen de mi casa… Tengo miedo… Siento que me quiebro, me caigo, me doblo…”

Después me metí a la ducha y dejé que el agua fría congelara mi cabeza.

En la cama, esperaba que el tiempo corriera una carrera, rápida y sin baches, cuando sentimos un ruidito. La lámpara del techo de nuestro cuarto, en un edificio de Buenos Aires, a miles de kilómetros de Cauquenes, se dejó mecer por mi tierra. Sonó un chirrido de fierro mal aceitado al rozarse con otro. Prendimos la luz y alcanzamos a ver su vaivén de péndulo.

Y por más que le hacía empeño, mis lágrimas seguían brotando y el miedo me fragmentaba.
¿Será cierto eso de la energía y de que todos somos un solo universo que se agita?. Porque a esa hora mi Cauquenes se estremecía y los gritos de su gente interrumpieron la noche. La angustia se lanzó a la calle.

Esta mañana, Chile despertó desconcertado y asustado por una tragedia verdadera. De esas que nadie espera y cambian todos los planes. Tragedias que doblegan y obligan a preguntarse… ¿qué hago?…

¿Qué haremos en Chile, ahora?. ¿Habrá que preguntarse si tiene sentido que el mundo se sacuda y se derrumbe?. ¿Porqué se ensañó con Cauquenes y las costas del Maule?.

Si en este región no le hacemos daño a nadie. .

Chile amaneció perplejo y las imágenes de la tele parecen ficción. Siento que, si bien el planeta puede temblar y zozobrar, ese asunto le incumbe a otros. Pero, en este caso, tuve que gritar al enterarme que el epicentro del terremoto es el mío. Es el centro de mi existencia: mi familia y mi tierra.

Siendo las 17:00 hs. pm, intento comunicarme con ellos y no lo consigo. Las líneas se encuentran cortadas, en pleno colapso. Remotas voces añejas me traen noticias de que mis padres y hermanos están bien, en pie. Y agradezco al Cielo.

Nadie publica datos e imágenes de mi ciudad. Los medios son portavoces de las grandes urbes, con sus irónicos edificios antisísmicos.

Pero estoy en paz, pues las tragedias se sufren, se aceptan. Ante la catástrofe se agacha la cabeza y se espera paciente que la naturaleza y su energía poderosa armonice, controle, ordene.

Esa paz, que presiento divina, surge de un sueño que tuve anteanoche…

…Una vieja más vieja que el roble instaló su silla en la playa para mojarse los pies. Frente al mar, desafiaba el oleaje, fuerte y amenazante de Pelluhue.
-“Abuelita” – le digo, porque esa vieja es mi abuela muerta que a veces se me aparece. Ella ni me mira, y sigue silenciosa la línea del horizonte.

-“Véngase para acá”- le pido, indicándole unos metros hacia la montaña. Ella no obedece y me exige:

-“Déjame aquí” – mientras la espuma blanca del Pacífico la moja y se confunde con la arena. “Déjame aquí”, decía mi abuela sentada, su cuerpo firme como un escudo frente al mar agitado, amortiguando los golpes, para que no nos pase nada.

Por: María Elizabeth Cancino
Periodista y Licenciada en
Comunicacion Social
Ilustración: Hans Garrino
(Desde B.A. Argentina)

10 comentarios

  1. Necesitaos información acerca de la familia de la Exalcaldesa Sra Muriel Muñoz y de sus familiares nos nos hemos podido comunicar y ella viajaba desde el sur si alguin los conoce avisar por fis al 76975710

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  2. Necesito noticias del matrimonio formado por Hernán Vásquez y Eva Vásquez, dueños del restaurant El Quincho, ubicado en Arturo Prat esquina Serrano en pleno centro de Pelluhue (de donde yo llegué ayer viernes) y de sus hijos Cristobal y Milena.
    Favor llamar a Rodrigo Acevedo al 09 8280804 (a la hora que sea) o a claronic2@gmail.com
    Dios ayude a nuestros amigos pelluhuanos.

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  3. Necesito saber sobre Ivan Gajardo Rodriguez, el es un conocido ex periodista de El Mercurio y ex profesor de la localidad de Cauquenes, no tenemos noticias sobre el y su familia. Estamos preocupados por su situación en la zona del sismo, él mantiene una casa de descanso en pelluhue y una residencia en la ciudad de cauquenes porfavor si alguien conoce y sabe algo de IVAN GAJARDO RODRIGUEZ DE AVISO POR ESTE MEDIO O AL CORREO rivera.gajardo@gmail.com o al celular 90243724

    Su familia de Coquimbo y La Serena están muy preocupados sobre su situación.

    Saluda Attentamente
    Su sobrino: Alberto Rivera Gajardo

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  4. Necesito saber información de la familia Seguel que vive en el Barrio Estación de Cauquenes, ellos son:

    Alberto Seguel Mora (Profesor Jubilado)
    Susana Muñoz Perez (Profesora Jubilada)

    Evelyn Seguel Muñoz
    Marcelo Seguel Muñoz
    Rodrigo Seguel Muñoz

    Favor si alguien sabe algo comunicarse a jpseguel78@gmail.com

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  5. Con mucha alegría informo que todo el equipo del restaurant El Quincho se encuentra a salvo.
    Hernán, Eva, y sus hijos Cristobal y Milena, además del “chino”, José Luis, “la Meche” y el local mismo están sanos y salvos.

    Gracias a todos los que se esforzaron en averiguar de ellos.

    Vaya para quienes aún esperan por los suyos mi más dulce abrazo solidario y hermanado aún en el dolor.
    Rodrigo Acevedo
    claronic2@gmail.com

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