Folclore mexicano y tradición local: las claves del éxito del festival chanquino

#CHANCO: Cuando cayó el telón de la XXXV versión del Festival del Cantar Mexicano Guadalupe del Carmen, en Chanco no solo se cerraron dos noches de música. Se cerró, también, una etapa. Y se abrió otra. Tal vez la más decisiva en los 35 años de historia de un certamen que nació como homenaje local y que hoy, sin exagerar, se instaló en la vitrina nacional e internacional.

Transmitido por Chilevisión para todo Chile y el extranjero, el festival lideró el rating durante ambas jornadas, con un promedio cercano al millón de televisores sintonizando uno de los eventos culturales más singulares del país. Un logro que no responde únicamente a la parrilla artística ni a la puesta en escena, sino a algo más profundo: el ADN intacto de un festival distinto, con una identidad que no se parece a ninguna otra.

Mientras muchos certámenes apuestan por fórmulas conocidas, Chanco puso en pantalla algo poco habitual en la televisión abierta: una competencia folclórica mexicana, con intérpretes vestidos de charro y charra, voces potentes, dramatismo escénico y canciones que hablan de amor, desarraigo, injusticia y vida rural. Un lenguaje musical que, lejos de sentirse ajeno, conectó con miles de hogares chilenos.

No fue casual. Los comentarios en transmisiones digitales, streaming y YouTube lo reflejaron con claridad. Para muchos televidentes, la competencia se transformó en uno de los momentos más atractivos del festival, superando incluso en rating a otros segmentos tradicionalmente fuertes. Ver a los intérpretes disparar la voz al cielo, sostener notas largas con oficio y emoción, fue —como repetían los comentarios— “otra cosa”.

El ganador de esta versión, Daniel Veliz, encarnó precisamente ese espíritu: rigor vocal, respeto por el género y una puesta en escena que hizo sentido tanto en la Medialuna de Chanco como frente a la pantalla.

El alcalde de Chanco, Marcelo Waddington Guajardo, lo resume con convicción:
“Este festival nació desde la identidad y desde ahí se proyecta. Que hoy Chile y el mundo vean nuestra competencia, nuestra cultura y nuestra gente, confirma que cuando uno cuida lo propio, eso conecta mucho más lejos de lo que imagina”, señaló tras el cierre del evento.

Pero esta versión también tuvo un componente simbólico profundo. Días antes del festival, el municipio recibió oficialmente la autorización para el uso del nombre e imagen de Guadalupe del Carmen, gracias a la donación realizada por su hijo, Luis Campos González. Un gesto que terminó de sellar el vínculo entre historia, memoria y futuro.

“Mi madre siempre llevó a Chanco en el corazón. Que su nombre siga vivo, que se pronuncie con respeto y orgullo en este festival, es algo que nos emociona profundamente como familia. Hoy siento que su historia ya no es solo nuestra, es de todo un pueblo”, expresó Campos, visiblemente emocionado.

La alianza entre el municipio y Chilevisión —que comenzó, literalmente, con un apretón de manos— se transformó en un trabajo riguroso y profesional, donde la técnica, la producción y la planificación marcaron un estándar inédito para el certamen. Equipos coordinados, exigencia televisiva, tiempos precisos y una producción pensada tanto para el público presencial como para la audiencia televisiva.

¿Es esta la versión más importante en la historia del Festival del Cantar Mexicano? Todo indica que sí. No porque sea perfecta —aún hay desafíos y espacios por crecer— sino porque marca un punto de no retorno. La profesionalización llegó para quedarse. La visibilidad alcanzada cambia la escala. Y la identidad, lejos de diluirse, se fortaleció.

Lo que ocurrió este fin de semana no fue solo un buen festival. Fue una señal clara de hacia dónde puede proyectarse una comuna cuando hay identidad, convicción y trabajo sostenido.

El alcalde Marcelo Waddington Guajardo y su equipo lo hicieron nuevamente. Chanco volvió a demostrar que no necesita parecerse a otros para brillar. Mostró un relato propio: uno que mezcla campo, memoria, música mexicana, rigor artístico y comunidad; uno que entiende que la cultura no es adorno, sino desarrollo, pertenencia y proyección.

El XXXV Festival del Cantar Mexicano Guadalupe del Carmen no solo lideró sintonía ni rompió récords de visibilidad. Instaló una idea: que desde una comuna pequeña se puede hablarle al país completo, sin complejos, con identidad y con orgullo.

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