Elecciones presidenciales en Chile: ¿El retorno del péndulo?

#ELECCIONES2025: La jornada presidencial de hoy vuelve a situar a Chile ante un fenómeno que parece consolidarse desde hace casi dos décadas: una votación pendular que oscila entre proyectos de izquierda y derecha. En cada ciclo, una porción significativa del electorado busca en el adversario ideológico del gobierno de turno la promesa de un cambio rápido y contundente. Esta elección permitirá confirmar o refutar esa tendencia.

A ello se suma una derecha altamente competitiva (Entre Kast, Kaiser y Matthei), cuya disputa se ha descrito -incluso- como una “primaria” del sector entre tres candidaturas con niveles similares de apoyo según algunas encuestas publicadas antes de la veda de resultados. Esos mismos sondeos coincidían en que Jeanette Jara llegaría a la segunda vuelta, aunque con fragilidad ante cualquier aspirante del bloque opositor.

El otro factor decisivo es el voto desconocido: miles de electores que nunca participaron en comicios anteriores y que hoy deben hacerlo por obligación legal. Se trata de un segmento de baja politización, difícil de ubicar en escalas ideológicas. Algunos analistas ven en ellos un potencial respaldo para opciones más extremas —un voto oculto por temor al juicio social— mientras que otros estiman que su distribución será semejante a la de quienes sí expresan preferencias.

En este escenario, los cuatro principales candidatos llegan al cierre de la campaña con contrastes nítidos en estilo, propuestas y estrategia.

Kast cerró su campaña con señales erráticas. Mientras promete “mano dura” contra la delincuencia, se presenta en actos públicos tras un vidrio blindado, una imagen que tensiona su discurso y que hace que algunos se pregunten si ya teme a esa delincuencia, puesto que desde las policías surgieron voces que no hubo recomendaciones de cuidados especiales. A ello se suma que de parte de su comando, aclaran que su promesa no sería reducir la delincuencia, sino la sensación de delincuencia. La frase deja más dudas que certezas. ¿Cómo pretende lograrlo? ¿Con una puesta en escena: más carabineros en la calle, más guardias, desplegando drones, o forzando a disminuir la cobertura mediática de delitos? Su mensaje, en un tema prioritario para la ciudadanía, ha perdido nitidez en el momento menos oportuno.

Kaiser es el candidato de derecha que más ha crecido en las últimas semanas. Representa el polo más extremo del sector, con un tono grandilocuente y propuestas que conectan con el malestar social, que creen que soluciones más radicales y para algunos cuestionables, es la solución, pero también su discurso pantea inquietudes por sus posibles retrocesos en materias sociales. Su idea de modificar la Pensión Garantizada Universal y su defensa del indulto a exmilitares condenados por violaciones de derechos humanos han polarizado el debate. Su principal debilidad vuelve sobre un fantasma conocido: la gobernabilidad. El Partido Social Cristiano, que lo respalda, es pequeño y carece de un aparato capaz de sostener un gobierno completo. El riesgo de replicar problemas ya vistos en el inicio del mandato de Gabriel Boric no es menor. Kaiser, en un eventual triunfo, necesitaría apoyarse en la derecha tradicional para completar equipos y garantizar estabilidad política.

Matthei se ha posicionado como la candidata más cercana al centro dentro del bloque opositor. Sin embargo, su campaña ha enfrentado dificultades: ha variado el tono en distintas etapas a veces enfocado en la derecha más dura y otras en el centro, lo que le ha costado fijar un rumbo claro y ha debido competir simultáneamente con sus adversarios directos de derecha y con Jeanette Jara por el electorado moderado. Su principal activo —y el eje de su relato— es la experiencia: ha sido alcaldesa, ministra, parlamentaria. Insistiendo en que es quien posee el recorrido más sólido para gobernar. No obstante, las encuestas han demostrado su lento despegue e incluso la han ubicado por debajo de otros aspirantes del sector, lo que ha tensionado su estrategia.

Jara ha centrado su campaña en atributos personales: cercanía, humor, orígenes y capacidad de gestión. Ha destacado hitos de su paso por el Ministerio del Trabajo, como la ley de 40 horas y los acuerdos alcanzados en materia de pensiones. Aunque esos avances se lograron bajo el gobierno de Gabriel Boric, no ha dudado en marcar distancia con La Moneda, tanto en estilo con el actual mandatario, como en temas sensibles como seguridad, vivienda o decisiones políticas específicas, entre ellas la exclusión de la glosa constitucional en el presupuesto.

Esa estrategia le ha valido críticas por supuestamente “renegar” de ser continuidad del gobierno de Boric o por intentar desmarcarse del Partido Comunista en el que milita. Jara argumenta que su candidatura responde a una coalición amplia —desde la Democracia Cristiana hasta el PC— y que su deber es equilibrar sensibilidades diversas. Sin embargo, en un escenario polarizado, esa amplitud puede ser una fortaleza o una dificultad.

Otras candidaturas: entre la persistencia, la sorpresa y el declive

Parisi mantiene una campaña predecible y con escaso entusiasmo visible. Sus propuestas, más publicitarias que programáticas, deben demostrar si el llamado Partido de la Gente aún posee capacidad de sorprender. Esta vez comparte protagonismo con Pamela Jiles, candidata del mismo conglomerado, acompañada por Pablo Maltés, cuya trayectoria errática se ha convertido en un lastre interno.

Marco Enríquez-Ominami (MEO) ha centrado su discurso en su absolución por causas de financiamiento político. Tras ello retomó su estilo confrontacional, tanto con otros candidatos como con periodistas. Sin embargo, no logró despegar en encuestas ni ocupar un espacio relevante en el debate público.

Harold Mayne-Nicholls. El exdirigente deportivo aportó frescura en los primeros compases de la campaña. No obstante, su crecimiento fue limitado y en los últimos debates se mostró más errático y débil en sus respuestas, lo que redujo su impacto electoral.

Eduardo Artés, mantiene el discurso que ha sostenido desde su irrupción en la política: una defensa firme de la izquierda más radical. En este proceso se mostró menos amable que en ocasiones anteriores y más proclive al reclamo, aunque sin modificar sustancialmente su mensaje.

La suma de estos factores —un péndulo electoral persistente, una derecha fragmentada pero competitiva, una izquierda que intenta ampliar su base y un voto obligatorio de comportamiento incierto— configura una elección difícil de anticipar y que podría traer sorpresa. El resultado de hoy no solo definirá los candidatos de una segunda vuelta, sino también qué rumbo pareciera elegir el país en medio de una ciudadanía que busca certezas en tiempos de incertidumbre.

Por: Patricio Alexis Díaz E.

Editor General Cauquenesnet.cl

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