Un aniversario para luchar por nuestra identidad

Hoy, 9 de mayo de 2010, la ciudad de Cauquenes celebra –o debería celebrar- 268 años desde su fundación. Un día como hoy, un conquistador español llamado José Antonio Manso de Velasco, en honor a la Vírgen, su casta y a las aguas que bañaban al valle bautiza este terruño con el nombre de Villa de Nuestra Señora de las Mercedes Manso del Tutuvén.
Cauquenes por esos años, no era más que una ciudad de servicio que utilizaban los conquistadores ibéricos para viajar a las tierras hostiles del sur de Chile y pese a no cumplir un rol preponderante, tal vez esa distinción haya sido el periodo más noble y de mayor importancia de nuestra ciudad. Desde entonces, la otrora Villa de Nuestra Señora de las Mercedes, perderá cada vez más preponderancia e influencia en el concierto nacional.
Cauquenes es una ciudad vieja e inevitablemente con historia, el problema es que es una historia muda, que no conocemos y de la cuál no podemos hacer alarde. De hecho cualquiera que pise nuestro territorio, jamás pensaría que esta tierra de esfuerzo, trabajo y pocas oportunidades fue fundada en 1742.
Pero la pregunta que siempre surge en momentos como estos es ¿Por qué no existen vestigios documentales e infraestructurales que den cuenta de nuestra dilatada edad? La respuesta es triste. Tal vez nadie – o muy pocos- se tomaron la molestia de preservar parte de nuestra tradición, parte de nuestra cultura, parte de nuestra identidad.
Pero no ha sido lo único, el Terremoto de Chillán en 1939, echó a tierra una serie de monumentales estructuras que daban cuenta de una tradición colonial y una belleza arquitectónica entrañable.
Hoy, muchos años después, un nuevo movimiento telúrico, cuyo epicentro se ubicó 63 kilómetros al suroeste de Cauquenes –en el pueblo de Cobquecura- nos vuelve a castigar, nos tira al suelo y nos refriega la fuerza de la naturaleza.
Una vez más nuestro paisaje se tiñe de añosas casa de adobe totalmente en el suelo, de puentes destruidos, bloques de departamentos inhabitables y simbólicos edificios a punto de desmoronarse.
La solución más rápida y barata pareciera ser que es demoler, la verdad es que no lo sé, lo que si sé, es que si un día me voy de Cauquenes y al volver encuentro enormes edificios, modernas construcciones y entre ellas no aprece la hermosa iglesia de San Alfonso o la tradicional San Francisco… O tal vez si paso por la plaza y no veo el teatro o el imponente edificio consistorial, o al menos la plazoleta Antonio varas enclavada en ese mismo lugar, tal vez sentiré que no estoy en ese Cauquenes donde nací, me crié y crecí, tal vez sienta que llego a una ciudad, con aún menos historia, menos recuerdos y sin identidad.
La idea no es dejar de crecer o modernizarse, creo –y sobre todo en este proceso de reconstrucción- que hay que recoger las nuevas normas técnicas, arquitectónicas y de construcción, pero también pienso que es bueno preservar esas joyitas, esos puntos de la ciudad que nos hacen sentir orgullosos, cauqueninos, que nos dan identidad.

Por: Patricio Alexis Díaz E.
Periodista y Licenciado en
Comunicación Social
Editor de Contenidos Cauquenesnet.com

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